Efrain Castaño


El 19 mayo de 1928 murió el Filósofo y pensador alemán Max Scheler quien resaltó el papel de los valores en el pensamiento y la actuación humana; metas inciertas afloran en locuras explosivas, en rabias crecientes, en decaimientos asfixiantes.
Algo parecido a lo que hoy acontece; Scheler afirma que la vida va más allá de lo empírico y no se le puede suprimir lo afectivo y sentimental y los valores de una persona surgen fundamentados en el amor, las preferencias, los odios; los valores terminan siendo rutas sensibles, vitales, espirituales, religiosas.
Por lo anterior no me parece positivo ni real quitar el valor a lo existente o descalificar todo simplemente porque hay errores, límites, engaños o corrupción en la administración de este mundo.
El descontento general es explicable como reacción ante equívocos a veces evidentes, pero es necesario no suprimir los valores que han ayudado a iluminar la marcha de la historia; es como si fuera a mi odontólogo para pedirle la supresión de una caries dolorosa y él como respuesta me quitase toda la dentadura; sería una medida irreal, extrema y dañosa.
Es momento de valoración de lo que vive el País después de la aparición de una Pandemia devastadora, sin conocer bien su origen sus manifestaciones, sus efectos, sus cepas pero que según algunos hay que acabar con todo, nada sirve, no hay nada de soluciones: para acabar con la caries hay que quitar toda la dentadura.
Es tiempo de valorar los esfuerzos que se hacen, los intentos s por encontrar soluciones, los diálogos amistosos para construir caminos y corregir errores, hacer publicidad no sólo en los sucesos torpes y mortales sino también abrir horizontes, llamar a la calma.
Es indudable que hay que cortar pasos que no dan solución a los preocupantes momentos que vivimos, que debemos quitar obstáculos que impiden avanzar, que no debemos dejar ahogar valores sensibles, vitales, espirituales y religiosos que como dice Scheler nos ayudarán a avanzar y encontrarnos uniendo diversidad y visiones de futuro.
Me vuelve a la mente la carta “ todos hermanos” del papa Francisco en el capítulo 11 cuando invita a recomenzar juntos el caminar obrando como el buen samaritano que encuentra un extraño en el camino, de pensamiento diferente pero que con buen trato y cuidado lo restablece hasta sentirse hermanos.
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