Efrain Castaño


París deseaba eliminar a Aquiles pues en la guerra de Troya era necesario triunfar a riesgo de ser triturado por el gran héroe griego; una tarde le esperó agazapado y siguió el consejo dado por un amigo: el gran e invencible Aquiles tenía un punto débil, una zona en la cual era penetrable con la daga o la flecha; pese a su velocidad y coraza era posible darle el golpe mortal y así lo hizo; al pasar veloz, el héroe París supo dirigir la flecha y penetrar el talón del guerrero y le venció dando el golpe en el punto vulnerable y débil, allí cayó.
Todos tenemos nuestro talón de Aquiles, nuestro punto débil, penetrable por el mal que nos lleva a la derrota y muerte; por fuertes, ricos, famosos, sanos o santos siempre hay un lado débil en la existencia por el cual podemos ser atacados y vencidos.
Ya en el libro del Génesis Abraham da cuenta de ello cuando hablando con Dios (orando) se presenta diciendo “me atrevo a hablarle yo que soy polvo y ceniza (Gen 18,27), es decir yo que soy débil, caduco, destructible, propenso a decaer y fallar, a pecar y a errar, a caminar y morir.
El tema del barro y polvo es citado varias veces en la Biblia; ya que en el Génesis se dice que “Dios hizo al hombre del polvo de la tierra”, del barro equivalente a ceniza; Jesús en el Evangelio en una actitud catequética hace el gesto de untar barro (polvo) en los ojos de un ciego para devolverle la vista y traerlo al gozo de lo nuevo.
Es lo que hoy Miércoles de ceniza vivimos: reconocemos que somos polvo y ceniza, es decir frágiles, débiles, caducos, con un fin ignorado, rodeados de misterios e interrogantes que muchas veces no atinamos a resolver, pero podemos dialogar con el Señor, estamos llamados a seguirlo, a ser sus discípulos misioneros en el mundo actual, es una bella misión puesta en hombre débiles que hacen certeza a la sentencia”: “acuérdate que eres polvo y al polvo volverás” sacada del mismo libro del Génesis.
Pero este polvo en manos de Dios llega a ser base de maravillas, de nuevas creaciones, de cambios maravillosos; Dios sigue siendo el artista o alfarero admirable que ya el Génesis presenta en narraciones magistrales, que el Evangelio describe con el barro untado en ojos del ciego; esto explica la otra sentencia aconsejada para este día: “conviértete y cree en el Evangelio”.
Es día de enormes significados; no es útil pasar de largo e ignorar tan sabio gesto que durante siglos la Iglesia imparte como inicio de la Cuaresma; esa ceniza puesta en forma de cruz sobre la frente es todo un signo de realidades que sentimos; la fragilidad es acogida por el amor y el poder de Jesús en la Cruz y llama la posibilidad de una vida nueva y mejor.
No pasemos de largo frente a este real y sabio gesto; cómo se ve de linda la ceniza puesta en la cabeza o la frente del Papa que nos llama a orar por él porque es necesitado de la sabiduría divina, de la reina que con su belleza sabe que todo pasará y los años y la vida marchitará el esplendor de hoy, del rico que sabe que mañana puede ser mendigo, del niño que necesita ser protegido en su inocencia y fragilidad, del pobre que en su arrugada frente siente que la ceniza le llama a ser real pero a esperar la posibilidad de un mañana mejor por el cambio y conversión.
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