Efrain Castaño


Cuando se pensó en construir una torre que llegara al cielo, según la narración bíblica que conduce a una lección vital, esta se frustró cuando en desacuerdo y orgullos todo se destruyó, quedó en la mitad y terminaron todos en discusiones y lejanos a entenderse.
Cuando en otra narración, Pentecostés, los encerrados por miedo e incertidumbre dejan las diferencias y se acercan con la fuerza del Espíritu, logran entender su futuro, ven con mayor claridad e inician la construcción de comunidades de amor, hasta el punto de escucharse desde algunos comentadores: “Miren cómo se aman”.
Me parece que estamos en la primera parte de la experiencia, no hay deseos de acercamiento, no hay claridad de objetivos que van surgiendo distintos al ritmo de los acontecimientos de cada día.
Pareciera que deseamos destruir para empezar a construir desde las ruinas y pérdidas de vidas humanas, bienes sociales, horizontes de esperanza; hay certeza de nubosidad en objetivos como aquella chica que al ser entrevistada y ser preguntada sobre qué buscaba, respondió: “Que salga el presidente Uribe” ignorando que el presidente es Duque; al aclararle el hecho respondió: que salga el que sea, alcalde, gobernador o presidente.
¿Qué país queremos o buscamos, qué proyecto de sociedad tenemos en mira, sólo en gritar abajos está el horizonte o hay un escenario común que nos atraiga como en un “nuevo Pentecostés”?
Sabemos de proyectos y revisiones como en “La república” de Platón, “La utopía” del gran estadista inglés Tomás Moro, o al menos del “Principito” de Exúpery, “El capital” de Marx, “El progreso de los pueblos” de Pablo VI, o el reciente escrito “Fratelli tutti” del papa Francisco.
Que existan manifestaciones, protestas, reclamos es movimiento de un organismo vivo como es la persona humana en sociedad, pero se convertirá en bomba explosiva si no hay diálogo, calma, claridad de metas y acercamientos en desarme de corazones y brazos.
Bien dirigida, una protesta es germen de solución, mal dirigida y realizada, es caer en un pantanero de difícil salida, en un revolcón de odios. Es hora histórica para todos.
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