Efrain Castaño


Alguien anotó que la palabra es engendrada en la mente, iluminada en el corazón y expresada en los labios o en las manos; el lápiz se convierte así en el productor de un goteo de letras que forman palabras convertidas en semillas que revientan en ideas y actos que son el fruto de un hombre o mujer que da a luz vida.
Hay quien imprime en el papel el goteo de letras que son fruto de odios, venganzas, insultos; se goza en herir, mentir, calumniar o abrir división; aprovecha para exprimir en sus palabras el crujir Ileno de odio, destrucción, tiniebla, desesperanza.
Otros hacen brotar de su lápiz palabras llenas de luz, esperanza, estímulo, gratitud, reconocimiento; sus frases son senderos que ascienden, que invitan a la unidad, fraternidad, progreso.
En momentos como este de la pandemia universal del coronavirus, no faltan los profetas de la crítica negativa, la siembra del odio, la negatividad y hasta la burla; ignoran que en este momento nadie sabe a ciencia cierta el origen, las causas de difusión, la manera mejor de frenar su ímpetu mortal y menos aún tiene la fórmula precisa para decir que vencimos.
Es momento de tener profetas de la verdad, que reconozcan que hay medidas de acierto como de desconcierto, que este virus nos inundó sin estar preparados para pararlo; que hemos descubierto que falta aún mucho para tener el bienestar de todos, que gran parte de la población vive en la miseria, desprotección y marginación, que los ventiladores o mercados que se distribuyan jamás lograrán cubrir las necesidades totales.
Pero necesitamos ser más positivos, más solidarios, más responsables en la creación de familias estables y alegres; es hora de aprender juntos a caminar sin atacarnos, pero sí ayudándonos, teniendo un comportamiento responsable para evitar contagios dolorosos.
Me ilumina una precisa comparación de Jesús (en Mateo 13,24) cuando nos habla que la vida se parece a una siembra: unos siembran buena semilla, pero otros siembran cizaña que impide el brote de buen fruto.
Colombia en este momento ha mostrado que tiene un corazón solidario, que la mayoría son sembradores de buena semilla; ojalá que usted y yo no seamos sembradores de cizaña o como zombis nefastos permanezcamos indiferentes.
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