Efrain Castaño


El 4 de noviembre de 1959 murió después de años de lucha contra un cáncer Raissa Oumansoff quien fuera la esposa y aliada en su labor cultural filosófica de Jacques Maritain.
Se casaron en 1904 y ella se hizo aliada del pensamiento y actividad de su esposo quien desde las cátedras de Filosofía en varias universidades de Francia, Canadá y Estados Unidos ganó posición en la iluminación del pensamiento en medio de la difícil situación de las dos guerras mundiales que conmovieron al mundo.
En 1944 fue embajador de Francia ante el Vaticano, en 1947 fue delegado a la Asamblea general de la Unesco, en 1961 fue distinguido con el premio de literatura de la Academia francesa. Raissa fue su compañera; su casa se hizo famosa porque los días domingo era sitio de reunión de afamados intelectuales del mundo y entre debates abiertos y profundos daban luces para continuar animando el peregrinar de los humanos desde la fe con un compromiso positivo y creativo superando los asomos de pesimismo y odios que rugían por un lado y otro.
Jacques y Raissa Maritain mantuvieron en alto el valor del ser humano; en ellos se hizo patente que si nos situamos frente a una obra de arte estamos ante el valor de lo bello, que si recibimos la luz del sol estamos percibiendo el poder del calor y la luminosidad que provienen de fuerza superior y que si nos situamos frente al espejo estamos en ese momento frente a la obra más maravillosa , portentosa y superior de la creación: el ser humano, existente cumbre de la humanidad, surtidor de pensamientos y acciones que elevan o destruyen la marcha humana.
Hoy necesitamos poner de nuevo en el escenario del mundo al ser humano, creatura cumbre, fuerza necesaria para el desarrollo, impulso en el caminar de la historia; hoy cuando el temor al presente y al futuro da golpes a las certezas y optimismos, cuando una pandemia ha puesto nubes oscuras a un horizonte que se calificaba de poderoso e invencible, cuando el futuro aparece incierto y casi doloroso, en situaciones así necesitamos aclarar el valor del ser humano como protagonista indispensable del progreso.
Como en el hogar de los Maritain necesitamos de nuevo vernos reunidos como familias y amigos no sólo para la rumba y la distracción sino para dialogar, orar juntos, impulsar los ideales, encontrarnos como creaturas de valor inmenso para construir de nuevo la esperanza.
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