Efrain Castaño


En mi juventud era usual la palabra “pilas” para invitarme a estar alerta, despierto, diligente cuando había fallas en el estudio, el deporte el hogar, la fe. No sé de su origen, de si se refería a la pila de energía o a la de agua que esparce el agua en figuras bellas y cantarinas.
En lo referente a lo último, me viene a la memoria el 17 de marzo de 1933, día en el cual se inauguró la artística pila de agua traída desde Paris por mar, tren y cable; los manizaleños querían estar a la altura de las grandes urbes del mundo, ya tenían en construcción una grandiosa Catedral, en uso un cable largo y próspero, en inicio calles y bellos edificios al estilo Republicano.
Esa pila fue llamada pronto “la pila de Manizales”, hoy está cumpliendo 88 años de lucir si bien no muy bien conservada y paseándola en varios lugares casi nunca lógicos; su lucimiento inicial fue en el parque de Bolívar. Hoy casi nunca irradia la fuerza del agua con su vitalidad de sonido, sino que permanece seca, cerrada, aislada, deslucida, ignorada.
En su época fue un símbolo de fuerza de una raza, del impulso de una ciudanía que como bien lo dice el pasodoble es (¿o fue?) “fiel surtidor de hidalguía”, ciudad en desarrollo pujante, en trabajo alegre y optimista; cada uno cuidaba su hogar, su trabajo, su presentación personal.
Era conocida su trayectoria educadora, su limpieza, su amabilidad (algún día se la denominó ciudad del afecto); como la pila era raza que manaba limpieza, fecundidad, cortesía, progreso; eran conocidos el loquito o la loquita que vagaban por las calles a quienes se les quería y se trataba con nobleza. Hoy abundan los loquillos sumidos en otro mundo por la presencia de los estupefacientes que se disfrazan de medicinales para facilitar su consumo.
Nos hace falta volver a mirar la fina pila para recibir el reto de surtir cada día de fuerza, claridad, emprendimiento. Nos hace falta revivir la fuerza del Bautismo que nos sumerge en el agua de la vida nueva, límpida, cristiana. La Cuaresma es tiempo para renovarnos con un baño de Fe, Esperanza y amor y ser surtidores de buena vitalidad, corrientes de agua viva y fresca; es urgente acudir a la pila o fuente eterna nos dice: “el que tiene sed que venga a Mí y beba”.
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