Efrain Castaño


Dentro de la escala de los vivientes sabemos que el ser humano tiene la particularidad de poder hablar utilizando palabras variables y sonoras, de leer asimilando signos de diferentes formas y escribir enlazando con armonía y sentido señales de significación definida.
A veces uno entra en la monotonía y aburrimiento de la existencia olvidando esta riqueza dada por Dios al hombre con su carácter único: hablar, leer y escribir como formas de comunicarse ojalá de manera bella y constructiva; es así como el lenguaje y el idioma hacen la convivencia diaria más inteligente, grata y bella.
Antonio Martínez de Cala, llamado Elio Antonio Lebrija, nació en Sevilla y tiene en este sentido un gran valor para la comunicación universal. Humanista español es autor de varias obras referidas al lenguaje; es el autor de “ gramática de la lengua castellana “ (en 1492), la primera cartilla publicada para el público en lengua vulgar un 18 de agosto.
En 1492 publicó el “diccionario latino español”; en 1517 las “reglas de la ortografía castellana” y en 1520 colaboró en la redacción de la “Biblia políglota”.
Es bueno no dejar caer en rutina la elegancia del idioma español, su sonoridad y cadencia que es una cualidad dentro del panorama mundial de los idiomas; es loable volver a la lectura de los clásicos de la literatura, a escribir de manera correcta el idioma nuestro y poder hablarlo como regalo de belleza no sólo por las palabras empleadas sino por la forma sonora y variada que en buen lenguaje tenemos; es el arte de saber comunicarnos.
La lectura, la escritura y el hablarnos llena mente y corazón de sueños pletóricos de hermosura y futuro, nos lleva a expresarnos humanamente de manera inteligente, inteligible y constructiva.
Leí en estos días unas líneas que me llamaron la atención tal vez con muchos de certeza: “Hace años niños descalzos acudían a nuestras aulas y llenaban sus cabezas y corazones de sueños ardorosos y radiantes que impulsaban de entusiasmo; hoy niños y jóvenes de millonarios zapatos acuden a las aulas a llenarse de odios, rechazos, insultos y salen empobrecidos de amor sin entusiasmo y metas vitales.”
La actividad humana debe valorarse de nuevo, hay que sentirse entusiasmados de vivir expresando lo mejor de la historia, de la vida y de sí mismos. Dios quiso llamarse “ la Palabra “; magnífico reto.
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