Efrain Castaño


Era joven y vigoroso, hombre de mar y pesca, le llamaban “hijo del trueno” por su carácter viril y decisivo, disfrutaba de los colores del mar de Tiberíades donde trabajaba; ese mar era su amigo pues allí sabía estar en noches frías, mañanas frescas y días soleados; había aprendido de su padre Zebedeo el arte de la pesca y la vida recta, de judío observante y limpio.
Tenía el privilegio de una mente abierta, soñadora y casi poética; imaginaba un mundo más humano, justo y bello gracias a la armonía de los seres humanos; le gustaba tirarse a ratos en la playa boca arriba y ampliar sus deseos y alegrías disfrutando de su existencia, de lo que hacía y trabajaba; el ruido del agua era canción y la variedad de peces era gusto para sus ojos y ensueños.
Un día mientras arreglaba las redes para salir a pescar vio llegar a la playa al hombre que Juan Bautista el rudo predicador del Jordán había señalado como “el prometido, el Mesías, el Salvador” y llevado de la curiosidad se le acercó, le escuchó y sus palabras y gestos quedaron para siempre en su vida; cuando escuchó la consigna “sígueme y te haré pescador de hombres” no dudó un instante, acomodó las redes, se despidió de sus padres y se convirtió en uno de los miembros de la comunidad formada por Jesús de Nazaret.
Le impactó a Juan oír a Jesús durante sus recorridos frases precisas y tajantes: Yo soy la Luz, soy la vida, la verdad, camino, soy pan, soy resurrección, soy rey aunque no como los de este mundo; se convirtió en discípulo y misionero, eco de la nueva vida encontrada en Jesús.
Llama la atención que después de la fiesta del Nacimiento la Iglesia proponga al día siguiente 26 de diciembre a San Esteban el primer mártir como porción de sangre junto a la cuna y el día 27 nos invita a mirar a San Juan quien sin morir mártir es cuota de fidelidad; nos anima así a estar con Jesús de Nazaret en la forma cortante de una muerte o en la larga caminata de años de fidelidad en medio de goces y esperanzas como Juan.
La Navidad tiene como una de sus metas regalarnos el encuentro con el Salvador, con su Reino que con Él nace y surge como don y tarea; por mucha bulla, regalos, gastos, estrenos, encuentros familiares y viajes si no se ha dado este acercamiento, el de Juan a Jesús, hicimos de seguro una fiesta más pero no Navidad que como su nombre dice es nacer de nuevo.
Todos queremos hoy inventar a Dios... a nuestro amaño y manera... pero lo único que Él nos pide es que lo reconozcamos a nuestro lado desde la cuna hasta la Gloria pasando por la Cruz; un buen programa para el año que llega.
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