Efrain Castaño


Las opiniones que van y vienen en torno al papa Francisco, sobre su legitimidad, la influencia de cardenales y obispos, la conveniencia de su venida a Colombia y otros temas más propiciadas por las intervenciones del doctor José Galat, me remiten a lo acaecido con San Pablo y la comunidad de los Gálatas y Santa Catalina de Siena y su intervención en el Cisma de Avignón.
San Pablo tenía en alta estima la comunidad de Galacia en la cual había ejercido un tiempo su Ministerio y desde lejos se enteró de algunas discusiones que habrían brotado sobre Jesucristo, la Iglesia y la moral cristiana: las dudas se habían implantado y la división hería la comunidad.
San Pablo escribe a los Gálatas una carta profunda para aclarar algunos puntos que era urgente iluminar: en alguna línea llega a llamar a los Gálatas como “necios” (Cap. III) y tontos al dejarse llevar por opiniones que se desvían de la recta revelación y no tienen bases muy seguras para sus afirmaciones.
Con ello Pablo desea orientar y tratar sobre algunos desvíos que algunos habían introducido en la naciente comunidad (años 55-56): le duele al apóstol que tan pronto hubieran olvidado las bases de la fe y se dieran a opiniones humanas.
Siglos más tarde Santa Catalina de Siena se duele de ver el cisma que ponía a dos papas enfrentados: ella de gran amor a la Iglesia escribe a los dos papas Gregorio y Urbano suplicando la solución a este caso: esta joven, pues murió a los 33 años, logró con otras mediaciones que el cisma culminara bien regresando el legítimo papa a Roma: me llama la atención esta joven que sin descalificar ni ofender habla aquí y allá en idioma de amor y asesorándose de consejeros que bien la orientaron.
Debemos cuidarnos para no pasar por necios como los Gálatas o poco amorosos con la Iglesia de cuyo alto afecto nos dio ejemplo Santa Catalina, la Dominica doctora de la Iglesia, quien viviendo en un momento difícil supo con prudencia ayudar a la unidad.
En este caso de Galat no debemos ser necios precipitando opiniones o sospechas que se salen de la realidad: la Iglesia goza hoy de gran madurez que hasta expone sin cortinas los males o corrupciones que aún en el Vaticano se han filtrado como conglomerado humano sujeto a infidelidades y desvíos.
Es bueno entender que estamos en una situación nueva e inédita en la historia de la Iglesia, ante un cambio de época de inmensas proporciones, con la experiencia de la convivencia cercana y cariñosa de dos papas uno de los cuales ha declinado en su ministerio público y su sucesor es legítimo y lleno de amor.
Primera vez que llega al papado un latino con su característica de raza y pensamiento, espontáneo, cercano, pastoral, amistoso y sonriente, llevando el Evangelio a las periferias y al dolor humano.
No dejemos la confianza, la certeza y el gozo de creer.
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