Efrain Castaño


Llegó a su casa de la ciudad el viernes en la tarde; con su vestido en dril café claro, botas húmedas, su mochila de cabuya al hombro en la cual traía martillos, punzones, una golpeada lámpara de carburo, una batea redonda de madera, sus cigarros, panela y pan.
Saludó secamente como siempre porque era hombre alto, fuerte, muy trabajador, amante de su hogar pero sin melosidades; todo lo puso sobre la mesa del corredor y empezó a empacar en bolsas de tela blanca el polvo que traía en una caja de cartón pequeña; era el oro en polvo que depositaba luego con sigilo en un baúl de madera que con candado guardaba en el cuarto de los esposos, de mis padres para más señas.
Luego pasaba a darse un baño con agua caliente, a ponerse el vestido de paño y un elegante sombrero que lucía como gentleman inglés y salía a sus negocios que tenían que ver con el contenido de aquel baúl en reuniones de aguardiente amarillo de Caldas y cervezas del tonel.
Al acercarse la Semana Santa o Semana Mayor cristiana que revienta como fruto maduro en la Pascua, esta figura de mi padre me remite a su significado y valor.
Así aparece Jesús de Nazaret en el escenario de la historia: llega cargado y sudoroso con una Cruz inmensa, con punzones y martillos que le clavaron a la Cruz y en lugar de redonda batea usó una palangana para lavar los pies a sus discípulos; todo lo vivió con un amor inmenso pero sin halagos de romanticismo y empezó a ofrecer los dones de Gracia y salvación desde el baúl abierto de sus méritos y gracias de salvación derrama a todos los que aceptan y necesitan de la riqueza de su Amor y perdón como pepas de oro que enriquecen la vida.
Esta Semana Mayor que llega es invitación a vivir la llegada del gran Pastor y Salvador que viene cargado de dones para alegrar la vida y la historia; con razón se dice que “es la semana que cambió la historia del mundo” por la llegada del Señor cargado de Cruz y elementos de la Pasión pero que todo se resume en el baúl de su misericordia y amor desde el cual todo se distribuye a toda la humanidad.
Acudamos como dice San Pablo “a la fuente de la Gracia” y recibamos perdón, equilibrio, luz, felicidad, sanación y paz; dejemos que en la palangana o batea de limpieza Él lave nuestros pies y podamos recorrer con pasos limpios todos los caminos del mundo sembrando el bien y no el mal, transitando por el camino correcto aunque sea difícil.
Como el minero llega cargado de elementos que hacen brotar el oro del amor y está dispuesto a repartirlo a todos, admiremos asombrados tan genial historia de amor, dejemos que nos aliste la mesa de su salvación, nos dé el saludo de su llegada para repartir tanto bien que salva y da vida verdadera; mirar, agradecer, amor y recibir son actitudes muy propias de esta Semana que no debemos pasar inadvertida: puede traernos mucha felicidad.
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015