Efrain Castaño


Cerca a cabo Kennedy o sea el lugar desde el cual la Nasa hace realidad los sueños de los viajes espaciales, la llegada a la luna, la futura cercanía a Marte y otros proyectos científicos de interés para el futuro de la humanidad, está Cocoa Beach, población de alto confort, de alto nivel de vida, de alta cultura; allí viven la mayoría de los que trabajan en la Nasa y en Cabo Kennedy que gozan de bienestar.
Cerca a nuestro corazón está ahora Mocoa, lugar colombiano golpeado por el rigor invernal que la sumergió en una catástrofe de altas proporciones, con elevado número de muertos superando los 300, con pérdida de vivienda para gran número de familias, con el resultante de cantidad de niños huérfanos, mentalidad de miedo e inseguridad, cambio del mapa geográfico de su zona.
Para esta Semana Mayor o Semana Santa, para este triduo Pascual que comenzamos mañana pasando desde la Pasión de Jesucristo, su muerte y resurrección, vale la pena situarse donde y con quien estamos: queremos y buscamos el confort al estilo de Cocoa Beach o estamos resueltos a dejarnos interpelar por lo sucedido en Mocoa donde vive miles de hermanos nuestros que ahora necesitan con urgencia de la mano de todos, de la ayuda efectiva, de la oración fraterna para que sepan adquirir valor y serenidad ante la actual y triste circunstancia.
Puedo vivir este triduo como quien está en playa de regocijo (Cocoa), bienstar, vocación, indiferencia frente a los demás, descanso como quien duerme plácidamente mientras el mundo gira trazando historia en la cual se requiere que seamos protagonistas.
Puedo también vivir este triduo Pascual al ritmo de Jesús de Nazareth: un amor inmenso, sin fronteras ni límites, llevando la Cruz que es participación en las penalidades y necesidades de los demás, purificación del egoísmo, calmando la sed que grita quien está en situación de destrozo y calamidad como Jesús en la cruz.
Sobre todo es necesario mirar de nuevo lo enseñado del Jueves Santo: amor entregado, que es capaz de perdonar y convivir hasta con quien nos traiciona, que nos llama a compartir no solo lo que tenemos sino lo que somos con los demás; así llega un vida nueva, la Resurrección que nos hace salir del mal para radicarnos en el bien que es dar el paso a la vida nueva, a la Pascua, a la novedad de existir pasando de lo mediocre a lo mejor; la verdad es que en el mundo hay mucha gente buena pero que puede ser mejor y se estanca al no dar el paso.
La Arquiocesis de Manizales se ha unido al interés general por estar presente en la situación difícil de Mocoa y hace el llamado a todos para contribuir bien sea con dinero o con medicamentos o equipos de aseo; todo ello se puede llevar a las respectivas Parroquias donde se vive o a la Curia Arzobispal; todo ello se entregará al Obispado de Mocoa que sabe bien cómo hacer llegar todo esto a quienes de verdad lo necesitan.
En todo el país la Iglesia ha impulsado campañas similares y ha sido confortante ver al señor Nuncio estar cercano en Mocoa dando mano y corazón a esta obra de amor concreto. EL 23 de abril se hará una especial colecta en las parroquias de la Arquidiocesis.
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