Efrain Castaño


El 16 de diciembre de 1770 en una pequeña cama en Bonn, Alemania, se unieron la belleza creadora de Dios, la genialidad de la mente humana, la grandeza emocionante de la música en lluvia de notas y sonidos en el eco de la interpretación sinfónica con la unidad de instrumentos y arte: ese día nació la gloria musical llamada Luigi Van Beethoven.
El mundo y la historia no pueden, ni deben, opacar la majestad musical de este inmenso manantial de belleza y éxtasis que en el río de sus composiciones sinfónicas inunda de regocijo la expresión de la fe, el arte y el sentido de la belleza; su novena sinfonía es himno a la Esperanza surgida de la fe en Dios y en el amor.
Un día 16 de diciembre, el del 2020, brota para quien desee regalarse horizontes de luz en medio de este difícil trayecto oscurecido por el miedo, la inseguridad, las tormentas de muertes y cifras de contagios, el inicio de otra sonora y amorosa novena: la preparatoria a la Navidad.
Es un cuadro entre realidad y fantasía, un nadar entre dificultades y esperanzas: junto a un humilde pesebre, luces y panderetas, guitarras y cantos, unidad de niños y adultos, creyentes y dudosos lanzando una plegaria que durante nueve días repite como lazo de avanzada: ven, señor.
El genio de Bonn y la genialidad de un creyente se unen para recrear arte, sinfonías de amor, mirada a la Esperanza, riego de plegaria no ante un trono majestuoso sino ante una humilde cuna rodeada de pobreza, pequeñez, serenidad de espera y alegría de certezas.
Hoy iniciamos el sendero de nueve días hacia la vivencia presencial de unas promesas hechas realidad, de un deseo de volver a la familia como núcleo social esencial, de regresar al abrazo fraterno y universal porque es verdad que en Cristo todos somos hermanos al ser hijos de un mismo Padre.
Es cierto que estamos en nubarrones oscuros, que el desempleo, la pobreza y el miedo rodean casi como el virus invisible la vida de todos, pero es cierto también que así como Beethoven sordo, arruinado y traicionado supo regalar las sinfonías cascadas de luz, así nosotros junto al un pesebre y uniendo corazones y voces podemos lanzar la vital esperanza en luces de fe.
Es para no rendirnos, es para continuar, es para crecer, es para abrazar de nuevo la fe y el amor que como en Bonn y en Belén creemos en la vida y hacemos resonar sinfonías de amor.
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