Efrain Castaño


La existencia tiene en la visita de seres cercanos o anhelados una etapa de importancia y significación; por ejemplo hay entusiasmo por la visita del papa Francisco a Colombia; se resalta la visita de tal o cual mandatario a un país u otro, por ejemplo la visita del presidente Trump a Egipto, a Tierra Santa, y al Vaticano se resaltó como paso importante para la marcha del mundo.
Al contrario el abandono por descuido, olvido o desprecio duele y causa dolor y rabia; son notorias las protestas por la no presencia del Estado y por ello hemos tenido manifestaciones, paros y protestas como las marchas de los educadores, las protestas de Buenaventura y el Chocó que hacen oír sus voces y piden presencia para el progreso y la justicia.
En la escritura es de resaltar el interés que tienen las visitas de Dios a sus hijos: en el Edén vemos la visita de Yavé a Adán y Eva, las llamadas a Noé, Abraham y Moisés para citar algunos casos que terminan en la entrega de una Misión que se debe adelantar siempre en bien de los pueblos.
La culminación de todas las visitas tiene su punto más alto en la Encarnación, es decir visita para quedarse de Dios con la humanidad en Jesucristo tan resaltada en la época de Navidad; es eco del profeta cuando dice que “Dios ha visitado y redimido a su pueblo”.
Pero esos actos deben ser vividos por los hijos de Dios, por las creaturas hechura de su amor, por quienes desean estar presentes en la vida y desarrollo de la humanidad; las visitas de unos a otros forman parte de la cercanía humana que lleva a la unión y a la paz.
Hoy celebra el calendario cristiano la visita de María a su prima Isabel que estaba encinta, o mejor las dos en estado de gestación; es aleccionador el ejemplo de María de Nazareth que a pesar de estar en embarazo, caminó por valles y montes, en jornadas nada fáciles hasta llegar al sitio donde vivía su prima Isabel que emocionada solo atina a exclamar “qué alegría que venga la madre de Dios a visitarme”; María se quedó allí como tres meses acompañando el momento del parto y sirviendo con cariño, alegría y sencillez.
Cómo hace de falta hoy la visita de los amigos, familiares cercanos para sentir que tenemos amigos y personas que nos apoyan y cómo duele la ausencia de quienes se ama, padres, hijos, cercanos que hacen más fría la soledad y las distancias.
Vale la pena recordar a quienes hemos marginado y olvidado: una visita corta y cariñosa les puede hacer mucho bien y confortar sus vidas.
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