Efrain Castaño


Recordar es agradable cuando es resaltar hechos positivos y que engrandecen; deseo hacer memoria de cuatro acontecimientos que tienen esta fecha.
El 20 de diciembre de 1939 en el procedimiento de la construcción de la Catedral actual se hizo entrega de la llamada etapa definitiva de los trabajos; ese día se hizo oficial el cierre del trabajo que terminó con la imponente aguja central y el Cristo al aire; Manizales llamó así la atención por la pujanza de su raza capaz de superar los incendios destructores.
El 20 de diciembre de 1951 al inicio de la celebración del centenario de la ciudad se estrenó el himno a Manizales en la plaza de Bolívar; este fue compuesto en su letra por Eduardo Carranza y en su música por José Rozo Contreras a petición del alcalde Dr. Fernando Londoño; es verdad lo que anota el idílico himno: “arde la vida bella en el varón y en la mujer; tu frente se levanta como el sol”. Manizales ha sido llamado nido de cóndores valientes y no debemos perder tan altos calificativos.
El 20 de diciembre de 1982 murió Arthur Rubinstein judío polaco calificado como el mejor pianista del siglo XX y el más perfecto intérprete de obras como las de Chopin y Brahms llevado a la cumbre tocando la “passionatta” de Beethoven quien decía que para entender la conmoción producida en su interpretación “hay que leer” la tempestad de Shakespeare.
Este hombre orgullo del siglo XX en la música vino algún día a nuestra Manizales y en el teatro Olimpia maravilló con su concierto; es uno más de los intérpretes famosos que han pisado nuestra alta montaña y se han ido con el convencimiento de que en esta región habita una raza audaz y encarrilada en la educación y sana cultura.
El 20 de diciembre de 2017 estamos nosotros prestos a celebrar la Navidad como acontecimiento que marcó la historia del mundo, que con la Encarnación del Hijo de Dios hizo de Jesucristo la fuente perenne de la luz que ilumina al mundo, que llena de fulgor todo lo que acontece, que explica el pasado, ilumina el presente y abre las puertas del futuro en el cabalgar airoso y feliz de la Fe, el amor, la esperanza, el deseo de vivir, la celebración de la existencia como vida que vale la pena, el discurrir de los días como llamada a la perfección, al ascenso, a la realización de la bondad y la belleza en medio del mundo.
Desde Cristo la tarea es sublime, cada día es pincel para dibujar la sonrisa, el cariño, el buen trato, la fraternidad, la palabra cordial, el camino amoroso, la búsqueda de la justicia en la armonía, el árbol florido de la santidad.
Bien está la oración de la novena, el pesebre rústico y sereno, el adorno que es sonrisa hecha artesanía y colorido, las luces que brillan como estrellas de Esperanza, el encuentro familiar, fraternal y comunitario; bienvenida Navidad, noche de paz, amor y restauración como primer paso a la luz.
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