Carlos E. Ruiz


Colombia es un país con enorme riqueza de talentos humanos en todas las regiones y en todas las épocas. Muchos de ellos se realizan a cabalidad en desempeños destacados de ciencia, arte, educación, literatura, filosofía, emprendimiento y gestores de sociedad. Por desgracia hay la componente de guerras y violencia que ocupa los primeros niveles de información, en todo momento. Pero es indispensable registrar el ejemplo de aquellos que hicieron de la vida una labor constructiva, en diversos campos, referentes ineludibles en la formación de nuevas generaciones.
En el panorama nacional, Nariño ha sido una región de apariencia lejana y marginal, cuna de personalidades notables en diversas disciplinas. Baste con nombrar algunas: Agustín Agualongo, Emilio Bastidas, Aurelio Arturo, Rosendo Mora-Rosero, Ignacio Rodríguez-Guerrero, Rosario Conto, Leopoldo López-Álvarez,… Luis-Eduardo, Luciano y Humberto Mora-Osejo, con un largo etcétera. Y en ese historial de arte, letras, ciencia y humanismo aparece Jorge Mora-Caldas (1925-…), personalidad que motiva estas líneas.
Mora-Caldas es una figura singular, formada en las ciencias del Derecho, con aplicaciones en su profesión, de vocación por la historia, la literatura, la ciencia, la música,…. Con desempeños significativos en diferentes campos de la rama judicial, tratadista en temas del habeas corpus y su régimen jurídico, hacienda pública, instrucción criminal, cuestiones presupuestales, económicas, fiscales y financieras. Publicó del orden de veinte libros en esos temas y además sobre temas históricos, literarios, de arte y autobiográficos. Es incluso autor de obra introductoria al estudio de la música, con fines didácticos. Muchos acontecimientos y gestiones en su vida son de importancia mayor, como el rescate que hizo de doce volúmenes capitulares del archivo histórico de Pasto, desde 1587 hasta 1811, cuando ejerció de Juez Primero Superior del distrito judicial de Pasto, los cuales entregó con acta al Archivo Histórico de esa ciudad.
A los catorce años de edad, Mora-Caldas fue director de la biblioteca pública Murillo Toro, de la “Sociedad El Carácter” (entidad privada, en Ipiales, promotora cultural con 108 años de existencia), cuando era alumno del bachillerato en el Colegio Sucre. Docente luego en establecimientos públicos, y después de su grado en Derecho y Ciencias Sociales, con el reconocimiento mayor. Ocupó todos los cargos públicos de la rama judicial y del orden administrativo en su Departamento, con articulaciones sobresalientes a nivel nacional, y con todos los honores nacionales y regionales. Sus ancestros tienen representatividad histórica en los campos militar, de letras, pensamiento y ciencia. Por rama materna viene con sangre de Rafael de Caldas Tenorio, de José de Caldas Rodríguez de Gamba, Gabriel Caldas (su bisabuelo), José Sergio Caldas Argotti (su abuelo, latinista y filósofo) y Francisco José de Caldas, el sabio (su tío tatarabuelo). Familias esparcidas por Ecuador y Nariño, sus miembros ocupados en especial de la educación.
Conocedor de la vida y obra del sabio Caldas, y coleccionista de sus obras y de biografías acerca de él. En el volumen intitulado “Temas que hacen pensar” (2016), recoge importante apreciación de Caldas sobre la Educación, contenida en su “Semanario del Nuevo Reino de Granada” (No. 10, 28 de febrero de 1808), que dice: “Es común oír en escritos políticos y en las conversaciones de novelistas del día, las varias formas de gobierno y el atribuir a ellas las felicidades o desgracias públicas. Sin pretender yo entrar en esta disputa que pertenece a la filosofía política, me atrevo a afirmar que, sea lo que fuere y se denomine como quieran, monárquicos, democráticos, aristocráticos o despóticos, en todos es necesario que tengan los jóvenes de ambos sexos para el logro de los fines que se proponen los gobiernos, una educación pública eficaz, gratuita, igual, sabia y sostenida. En ella estriba el futuro de todos los pueblos cultos así como de todos los males.”
La trayectoria de Mora-Caldas ocupa varios volúmenes que él ha elaborado con testimonios de su trasegar por el mundo del saber, con recurrencia en variedad de disciplinas. Ha sido un estudioso permanente, con registro detallado de sus lecturas y de los fragmentos que le atraían por el poder de conocimiento y verdad que encerraban. Su biblioteca, rica y variada, ha venido distribuyéndola, al final de sus días, a instituciones educativas, como la Universidad de Nariño. Es tan meticuloso que el inventario de sus libros, por varios miles, los tiene registrados en su cabeza y en las anotaciones. La biblioteca contiene obras de Derecho, Literatura, Filosofía, Economía, Geología, Antropología, Arqueología, Física, Astronomía, Artes.
En los cuatro últimos volúmenes publicados por Mora-Caldas, además de congregar valiosa información autobiográfica, rescata documentos históricos merecedores de ser mencionados. Por ejemplo, publica el cruce de cartas que en 1957 consolidaron la apertura al Frente Nacional y la reconciliación de los dos partidos históricos que venían enfrentados en guerra fratricida, producidas por los dos líderes autorizados de esas vertientes enfrentadas, Alberto Lleras-Camargo y Laureano Gómez
Jorge Mora-Caldas es una personalidad colombiana curtida en el estudio, la escritura y el ejercicio de ciudadanía con voz pública de librepensamiento. Digno de ser estudiado en vida y obra.
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