Carlos E. Ruiz


La condición humana y la Naturaleza son interdependientes, se pertenecen; la primera suele antagonizar con la segunda. A su vez las acciones humanas comportan actitudes en polaridades opuestas, con impactos ambientales y sociales. Los extremos suelen encontrarse en el desastre. Ante una afirmación suele suceder una negación, y viceversa. Están las vacunas con soporte en la ciencia, y quienes las rechazan actúan en ocasiones con supuestos apoyos en el conocimiento, o por mera actitud pasional de repudio a los dictámenes institucionales y de Estado. También acontece con el “cambio climático”, hasta hace algunas décadas sumido en comprensiones secundarias; ahora, un peligro palpitante. Pero, asimismo, hay disidencias que lo niegan y asumen lo que ocurre como consecuencia de ciclos naturales.
Esa polaridad se hace más manifiesta en la política, cuando se está en procesos próximos a las elecciones parlamentarias y de las presidenciales. Saltan los vociferantes antagonismos, endilgando lo malo al otro y lo bueno en lo propio. La opción de equilibrio, de moderación, suele reconocerse como “centro”, de configuración difícil. Todo aflora en la debilidad humana, con el sesgo de ambiciones preponderantes en lo personal. El interés colectivo, hacia el bien común, suele ser una pieza un tanto desconocida, aunque recitada.
Estamos en Colombia y en vecindades electorales. Entonces los ambientes se calientan. Surgen ambiciones y desmesuras. Se caldean los ánimos. Pero, por fortuna, no dejan de aparecer personalidades que ejemplifiquen la sindéresis, la moderación con conocimiento y experiencia. Tenemos el caso de la “Coalición Centro Esperanza” que congrega algunos como Humberto de la Calle, Alejandro Gaviria, Angélica Lozano, Íngrid Betancourt, Sergio Fajardo, Jorge-Enrique Robledo, Juan-Fernando Cristo, entre otros.
Por cuanto es más nuevo en esos ajetreos políticos, me referiré a Alejandro Gaviria. La gente lo va conociendo en sus pronunciamientos públicos, sus actuaciones en redes y en su presencia en las diversas regiones del país. Lo valoran y lo atacan. No faltan quienes desean cortarle camino para que continúe imperando el estado de cosas reinante, con galope de la corrupción. La democracia nuestra es bastante imperfecta, pero hay necesidad de esfuerzos continuados para afianzarla con soporte en la honradez, la educación, las oportunidades de trabajo y la satisfacción también gradual de las condiciones básicas de subsistencia. Y no hay convergencia generalizada sobre esto tan elemental.
De ahí que un Alejandro Gaviria aflore con historia y conductas de exponer como un referente de avanzada en la vida pública. De filosofía liberal que reivindica los derechos humanos, el respeto en las diferencias, la no-violencia, lo perjudicial en la acumulación de poder, el equilibrio entre las libertades y el bienestar colectivo, libertad de expresión, la responsabilidad en el ejercicio de los deberes, la prioridad de la educación, la igualdad de género, la construcción y fortalecimiento de ambientes creativos para la ciencia, el arte, el humanismo,… Investigador, en especial en temas de la pobreza, la salud y los cambios sociales, con calificadas publicaciones. Su vocería pública, es por supuesto, de riesgo, al confrontarse con ambientes y tradiciones hostiles. Rector de la Universidad de los Andes, en su desempeño más reciente. Pero su ejercicio público le ha impregnado al debate seriedad y razón, con soporte en la información fiable, en los diversos campos.
Su libro más cercano se intitula: “En defensa del humanismo – Reflexiones para tiempos difíciles”, donde recoge en especial lecciones impartidas en los actos de grado, con meditaciones ilustradas y apropiadas por la manera de motivar el pensamiento y el sentido de la vida profesional y ciudadana. En ellas llama la atención por la necesidad del reconocimiento y el fortalecimiento del pluralismo, con respeto en las diferencias, de la conversación para encaminar acuerdos y consensos, la compasión, la comprensión del mundo y de la vida, la innovación, el apego a los sentimientos creativos en la literatura, en particular la poesía; la educación como eje de cambios fundamentales en las personas, la familia y la sociedad. Vivimos, lo advierte, en una “superposición entre los grandes avances y las grandes amenazas”, con llamado a la reflexión ética, por ser ahora más necesaria que en otros tiempos, puesto que estamos sometidos a la confusión, a las mentiras en serie, a las falacias manufacturadas, con la secuela de la fábrica de calumnias.
Gaviria insiste en que las políticas públicas más efectivas son las de beneficio colectivo. Indispensable y de provecho atender sus planteamientos.
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