Beatriz Chaves Echeverry


Hablar sobre violencia sexual es el tema más difícil al que se puede enfrentar una mujer, más en el país del Sagrado Corazón de Jesús, de la Virgen María, etc, etc… El problema es que tenemos muy arraigado en nuestra cultura el concepto de valor y dignidad asociados a la sexualidad, por supuesto, derivado de nuestra formación religiosa, que buena, regular o, para algunos, errónea, es la que tenemos la mayoría de colombianos.
El 25 de mayo se conmemora el Día Nacional por la Dignidad de las Víctimas de Violencia Sexual. Hace apenas tres años se instauró esta triste conmemoración, que en una sociedad civilizada no tendría por qué ser necesaria, pero en nuestro país sí, pues la violencia sexual se ha asociado al conflicto que hemos vivido por tantos años y, peor aún, está arraigada en nuestra idiosincrasia. Si no, que hablen por sí mismas las espeluznantes estadísticas que nos aterran por un instante, cuando un caso de éstos irrumpe en nuestra realidad y es imposible taparlo, como tantos otros que nunca llegan a ser conocidos y son cargados en soledad por cada una de sus víctimas. ¿Cómo erradicarla? Se requiere un cambio profundo en nuestra cultura que incentive el valor del respeto por el ser humano como pilar de nuestra sociedad, para que las niñas, niños, mujeres y hombres, no sigan siendo víctimas silenciosas de una sociedad que empodera al victimario y acalla a su víctima, debido a una cultura machista, donde no hay respeto por el cuerpo del otro, hombre o mujer y lo reduce a un instrumento de placer o dominación, como lo refleja Maluma con su canción “4 babys”, donde él mismo es objeto y sujeto del mas burdo tráfico sexual; esas son las figuras que pretende encumbrar nuestra cultura, por cuenta de gobernadores ignorantes, que otorgan condecoraciones a semejantes personajes, que más bien habría que mandar a una escuela de educación en valores, (la verdad yo mandaría al gobernador que lo condecoró también).
La persona a la que le debemos esta dolorosa conmemoración es Jineth Bedoya, una periodista de temas políticos y judiciales, quien el 25 de mayo del año 2000 fue secuestrada, torturada y violada por paramilitares, que se la llevaron de una cárcel de Bogotá, a donde había llegado para hacer una entrevista. Esta mujer no se calló, tampoco aceptó el exilio como opción y exigió que su caso no quedara en la impunidad. Se negó a negociar con el estado una “reparación” a cambio de cerrar su proceso y ha logrado muchas cosas, aunque a los autores intelectuales del crimen aún no les ha llegado la justicia y tal vez nunca lo haga.
Existen varias campañas asociadas al tema de la violencia sexual, que buscan visibilizar el problema y tratan de prevenirlo. Mi cuerpo, mi territorio es una de ellas y busca, a través de un video, explicar a las víctimas sobre sus derechos y sensibilizar a la comunidad sobre los graves efectos que tiene este crimen, que afecta a la persona en todas las esferas de su ser; física, emocional, psicológica y socialmente, pero a pesar de estar en la red desde julio de 2011, apenas cuenta con un poco más de 4.000 visitas, muy pocas para la gravedad del problema y la importancia que tiene que material así se socialice mucho más.
El cambio debe venir desde la educación, en la familia y en la sociedad, tenemos que revisar cómo estamos educando a nuestros niños y niñas en el respeto por el otro y por ellos mismos; necesitamos hombres más conscientes del papel de la mujer como compañera de vida y merecedora de respeto; no como objeto sexual que vale más cuando tiene menos ropa. Así mismo necesitamos más mujeres empoderadas y mostrando el respeto que sienten por ellas mismas; poniendo límites claros a sus compañeros de trabajo, de estudio y de vida, porque la dignidad no es negociable y está por encima de cualquier delito; el llamado en este día es a no callar, pues el silencio solo le facilita la vida al victimario y prepara el terreno para su siguiente víctima.
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