Beatriz Chaves Echeverry


Cuando pienso en ese estado maravilloso, se abre ante mí un antes y un después en mi vida. Ninguna circunstancia o ser humano me ha transformado tanto como la decisión de concebir a mi hija. Maternidad consciente la llamaría, pues fue un acto estudiado, planeado y con preparación, ya que cuando se toma la decisión de ser mamá, la mujer comienza a preparar su cuerpo para alojar a ese ser que será su huésped de honor por nueve meses y parte fundamental de su vida por el resto de sus días. Tomamos vitaminas, nos alimentamos de forma saludable y evitamos todo lo que pueda afectar a nuestro cuerpo. Y cuando se recibe la noticia que se ha estado esperando, no hay premio que se compare con la alegría de ver conquistado ese precioso título de mamá. Poco a poco vemos como se opera una transformación en nuestro cuerpo y en nuestra alma, pues la mamá piensa diferente; ya no se toman decisiones pensando en uno o en su pareja, está la presencia de ese ser guiando cada uno de nuestros pasos, pues su bienestar está por encima de todo lo demás.
Por mi hija he tomado las decisiones más radicales de mi vida; trasladarme de ciudad, dejar a un lado actividades que en otro momento fueron mi prioridad, cambiar mi cotidianeidad para que mi vida funcione en torno a ella; pero la primera decisión y la más importante fue escoger a su papá. Creo que por ahí debemos comenzar todas las mujeres, buscando un buen ser humano que se merezca el privilegio de procrear una vida y ser llamado padre. No cualquiera es digno de serlo y en eso las mujeres deberíamos ser supremamente cuidadosas, pues es nuestra responsabilidad decidir cuál es el hombre que legará su genética y toda una herencia familiar de conflictos y de historias no resueltas a nuestro hijo.
No entiendo cómo hay mujeres por ahí reproduciéndose con violadores y asesinos, ese tipo de hombres no merecen traer hijos al mundo y si la castración en este país no está aprobada, queda en manos de cada mujer evitar al máximo embarazarse de un hombre así. Ya existe el control de la natalidad, estamos en el siglo XXI, así que mujeres; una cosa es el sexo y otra muy distinta es la maternidad y para ejercer ésta con total responsabilidad, la primera decisión que hay que tomar con conciencia es con quién vamos a tener un hijo. Se vale investigar, se vale desconfiar, que el amor o, más bien, el enamoramiento no las ciegue, pues no podemos cerrar los ojos a una realidad que cada día nos asalta con noticias de niñas y niños violados por sus padres, padrastros y familiares. Así que hago un llamado a la inteligencia por encima de cualquier otra cosa, nuestra responsabilidad con los seres que traemos al mundo es total. No expongamos nuestros hijos al peligro de un violador, seamos nosotras el primer filtro para protegerlos, así mismo extendamos una red de apoyo y protección a los hijos e hijas de las personas cercanas; si vemos a un pequeño en situación de riesgo alertemos a su madre o a la persona que creamos conveniente, el más mínimo descuido es aprovechado por los depredadores sexuales o si no, recordemos que a Yuliana Samboní su victimario la raptó al frente de su casa y a la bebé de cuatro meses la violó el soldado en su propio hogar, aprovechando una ida a la tienda de su mamá.
Y si una mujer siente que la responsabilidad de ser madre le queda grande pues ¡no se embarace! Cuánto sufrimiento no soportó Sarita, la última víctima que nos horrorizó con su historia de maltrato, tortura, violación y muerte, por cuenta de una mamá que no asumió su responsabilidad y se desentendió de su hija, como hacen muchas mujeres en los estratos bajos de nuestro país, donde es práctica común entregar a los hijos para que los críen otros.
Los hijos transforman nuestra vida y la mejor manera de asumirlo es con una maternidad consciente; esto es un paso necesario en nuestra evolución como seres humanos para tener una mejor sociedad, un mejor país y un mejor mundo.
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