Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal * fannybernalorozco@hotmail.com
Muchos son los adolescentes, hombres y mujeres, que cuentan los meses y los días que les faltan para cumplir la mayoría de edad. Están convencidos de que esos 18 años, les van a dar ‘patente de corso’ o lo que es lo mismo, concesión y privilegio para hacer muchas actividades que antes les estaban vedadas, como salir hasta el amanecer, tomar licor, decidir algunos actos de su vida sin contar con los padres o cuidadores, etc.
Frente a este tema existen muchos imaginarios y también ideas tergiversadas de lo que significa asumir la vida de manera particular, sin el apoyo de otras personas, lo cual genera ansiedad por las presiones de grupo y también por los desafíos que existen en el camino.
Contar con la cédula de ciudadanía y decir que se es mayor de edad es tener acceso a otras etapas de la vida que, además de importantes para el desarrollo de habilidades y destrezas, implican también decidir con responsabilidad y autonomía los retos que día a día se van presentando, en lo académico, laboral, familiar, social y de pareja.
Hay padres que buscan asesoría angustiados, porque no saben qué hacer con sus hijos. Tomás expresa que su hijo lo que quiere es estar en la calle, nadie sabe dónde se encuentra, entra a la casa a altas horas de la noche y no se le puede preguntar nada, pues además de enojarse, aduce que ya es mayor de edad y que puede ‘hacer lo que le dé la gana’. Tomás cree que lo mejor es callar para no tener problemas y dice apesadumbrado: ¡Qué más puedo hacer!.
Algunas casas de familia se han convertido en hoteles ante la mirada silenciosa y frustrada de los padres. Ellos con miedo y sumisión pasan las horas de la noche atentos esperando la llegada de sus hijos, situación a la que se llega cuando no se ha sabido poner límites y normas claras a tiempo. Con esta grave omisión también emerge el maltrato psicológico y emocional que se vive en algunos hogares de parte de los hijos hacia los padres.
Es importante que así como los hijos conocen la ley, los padres también sepan de sus alcances, para poder rebatir algunos planteamientos y exigencias de los hijos. La mayoría de edad supone ir tomando conciencia de los actos y de las palabras y asumir la libertad de manera responsable.
Llegar a los 18 años implica alcanzar una edad de dudas, de dilemas y por ello el acompañamiento de adultos amorosos y responsables, es vital para el proyecto de vida que ese nuevo joven-adulto está empezando a construir.
Es importante ser conscientes de que se es mayor de edad e independiente cuando se autogestionan las necesidades, se alcanza a comprender el valor del dinero, del trabajo, del cansancio, no cuando los padres ponen todo en manos de los hijos por miedo a las discusiones (que generalmente conllevan a agresiones de palabra) o cuando ellos se quedan en la zona de comodidad, siempre en actitud de recibir, asumiendo que sólo tienen derechos, nunca deberes, cuando no piensan que sus padres merecen gratitud, respeto y descanso.
* Psicóloga - Docente Universidad de Manizales.
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