Soplan vientos de esperanza
Señor director:
Desde la liberación del yugo español ocurrida el 7 de agosto de 1819, los partidos liberal y conservador se han repartido el liderazgo del país con alianzas suprapartidistas y una aplastante concentración del poder debida al insaciable apetito de riqueza. Ellos son los responsables de la pobreza, la exclusión, la desigualdad y la debacle padecida durante siglos.
Una serie de conflictos surgieron en el primer siglo de vida republicana. La guerra de los Mil Días dejó más de cien mil muertes y produjo la devastación económica del país y la separación de Panamá. Cuando ocurrió la masacre de las bananeras, el presidente conservador Miguel Abadía Méndez le ordenó al Ejército entrar con todo su arsenal a Ciénaga, Magdalena, para finalizar una huelga organizada por el sindicato de trabajadores.
El magnicidio de Gaitán precipitó una guerra y la persecución de la oligarquía conservadora a los liberales; esta victimizó, en especial, al campesinado colombiano. Más adelante, el pacto de no agresión del Frente Nacional reconcilió a los dos grupos enemigos, pero excluyó a varios actores que incursionaron en las guerrillas, las cuales se incorporaron a las mafias del narcotráfico y, juntas, pusieron en jaque al país.
El poder fue asumido por la ultraderecha en este milenio, y con sus políticas antipopulares, reformas y persecución a la oposición polarizó al país, y amplió la brecha de desigualdad social. La salud, la educación, el empleo, la vivienda y el campo fueron los más afectados.
El mal momento vivido por Colombia terminó cuando Iván Duque dejó la presidencia y asumió el poder Gustavo Petro con tres grandes retos: la búsqueda de la paz, la justicia social y la justicia ambiental. Mientras el primero se interpuso al Acuerdo de paz, el segundo convocó un pacto histórico nacional y prometió impulsar el capitalismo, redistribuir la riqueza y no utilizar el poder para perseguir al oponente.
Mi esperanza con este gobierno es que el hambre disminuya, la familia campesina viva tranquila, los niños y jóvenes accedan a la educación, el enfermo sea bien atendido, el médico y el docente sean dignificados, la mujer y la diversidad sean respetadas, el medio ambiente sea cuidado, el banquero y el empresario sean solidarios, el corrupto y el evasor sean judicializados, los tres poderes democráticos y los organismos de control gocen de independencia, y la soberanía y la riqueza de nuestro país no se vendan al mejor postor.
Orlando Salgado Ramírez
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