Espantosa indiferncia
Señor director:
El atroz asesinato (porque no puede llamarse de otra manera) de un inmigrante nigeriano a manos de un ciudadano italiano (si es que puede denominarse ciudadano a semejante monstruo), perpetrado en una calle a plena luz del día y a la vista de la gran cantidad de transeúntes que pasaba y pasa regularmente por la vía donde ocurrió la golpiza, de verdad pone en entredicho la fe en el género humano y la vigencia de valores tan caros a la civilización como el de la solidaridad.
Es impresionante y lastima en lo más hondo la impactante fotografía, publicada en varios diarios europeos, que muestra al agresor encima de la víctima, lesionándola, sin que absolutamente ninguno de quienes presenciaron esa brutal agresión hiciera alguna cosa por impedirla.
Actitud grave, injustificable y cobarde que, reitero, retrata sin atenuantes la pérdida de valores de la sociedad actual, como que aquí no se trataba de una pelea cualquiera y simple, callejera, sino del ataque aleve de alguien a quien, además, de impedido (en el momento andaba con una muleta), ya no estaba en capacidad de defenderse. ¿cómo se puede asistir impasible a semejante hecho de barbarie y de crueldad? Pues no debe olvidarse que se trató de la pasividad o indolencia de ciudadanos que son padres, hermanos, abuelos, tíos y demás, es decir, personas que debieron preguntarse qué pasaría si uno de sus seres queridos se viera en semejante circunstancia. ¿quisieran que alguien le ayudara en ese momento crítico?¡por supuesto que sí! ¿quién no lo querría? Luego, entonces, ¿por qué razón ninguno de ellos reaccionó en orden a evitar la continuidad del mortal ataque? ¿Cobardía? ¿Indiferencia? Imposible en verdad saber o tan siquiera tratar de adivinar qué resortes ocultos de la personalidad llevan a las personas a abstenerse de reaccionar ante la ocurrencia de una tragedia tan espantosa la que, es claro, bien pudo ser evitada. Es paradójico, y sin embargo una realidad insoslayable, cómo a medida que la sociedad progresa y prospera materialmente, con mayor razón avanza también la deshumanización o la falta de solidaridad en el mundo. Deja ese inmigrante una esposa y un hijo de ocho años y queda la inevitable sensación, de acuerdo a todo lo que se conoce viene pasando en Europa, que la vida de los inmigrantes que llegan con sus sueños a cuestas al viejo continente, no es más que un sueño roto y una terrible pesadilla.
Atentamente,
Óscar Villada Martínez
Los que se guían por el semblante
Señor director:
La mujer, cuando es joven y hermosa, es como un templo que muchos quieren visitar y algunos profanar; pero luego, cuando en el transcurso de varios años el huracán del tiempo ha dejado su huella indeleble en su rostro, muchos de los visitantes y adoradores se alejan, olvidándose de que en el interior de aquel templo quizá existen todavía encantos y tesoros que han resistido el paso del tiempo y que todavía se pueden admirar.
Diego Osorio Ramírez
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