¿Quién cuida el idioma?
Señor director
No soy el que mejor escribe el castellano y mucho menos el que mejor lo habla. Sin embargo me doy cuenta cuando lo atropellan, porque reacciono como si me estuvieran dando una paliza. Digo esto porque algunos presentadores y redactores de noticias, no aplican las más elementales reglas del buen escribir y el buen hablar. Muletillas, pleonasmos, pésimo uso del verbo haber, falta de concordancia, etc., son el pan de cada día. Y ni qué decir de los altos funcionarios del estado, desde presidentes hasta concejales y educadores, que dan pésimo ejemplo.
Alguna vez supe de un ciudadano español de cierta importancia quien dijo que en Colombia se habla el mejor castellano del mundo. ¡Cómo será en otros países hispanoamericanos!
Lo lamentable es que no se lee ni se oye decir que haya alguna institución del estado encargada de vigilar el buen uso de la lengua castellana. Siempre he creído que el Ministerio de Educación debe ser el responsable de esa gestión, pero veo que no es así. Los maestros hablan mal y sus alumnos aplican lo que oyen. Los periodistas deberían someterse a rigurosos exámenes de retórica y sintaxis, y los directores de los medios, no admitir en su nómina a periodistas que no aprueben estas materias.
Hablar o escribir mal no es delito, pero quienes tienen la oportunidad de llegar a las masas populares sí tienen la obligación de expresarse correctamente. Igual sucede con los publicistas que elaboran las pautas comerciales.
Los periodistas colombianos tienen dos representantes de su gremio, Gossaín y Samper, como miembros de la Academia Colombiana de la Lengua, que podrían colaborar en fijar las pautas estrictas para los profesionales del periodismo.
Parece que los medios ya no tienen el corrector de oficio de otras épocas que evitaba los disparates gramaticales. Hago excepción del caso del ilustrísimo don Efraim Osorio en el periódico local, aunque no siempre le hacen caso.
En España la Real Academia de la Lengua, RAE, junto con el BBVA y la agencia de noticias EFE, crearon la organización Fundéu, cuyo objetivo es “velar por el buen uso del idioma español en los medios de comunicación”.
Similar organización podría establecerse en Colombia, con la fuerza suficiente para que la Atenas suramericana sea una realidad. Lo peor es que mucha gente habla mal y no lo sabe.
Jaime Guzmán Mejía
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