“Madre patria”
Señor director
Llegar a España para vivenciar lo que desde tiempos pasados nos han contado, genera algo de inquietud pues ‘la conquista’ o ‘el descubrimiento de América’, nos enrutó en principio en costumbres que asimilaron nuestros antepasados y se fueron diseminando por pueblos y ciudades con la impronta de ‘la madre patria’. Una visita familiar por Madrid y Barcelona durante el mes de junio, nos deja satisfacciones y aprendizajes. Que gusto recorrer la Gran vía o la Castellana dejando vistos el Bernabéu, esa insignia del Real Madrid, o las torres inclinadas de Kio, que como gemelas, parecen coquetearse; también monumentos puestos en rotondas que albergan desfiles de autos lujosos, y, una: “La Cibeles” que acoge las multitudes de hinchas del Madrid celebrando muy a menudo con sus jugadores en una conjunción armoniosa propia de una sociedad culta. Llega Barcelona al itinerario de una manera muy cómoda en un tren de lujo llamado el Ave, que en dos horas y media este portento de transporte acorta cinco horas un viaje agradable que te lleva por parajes que llenan de admiración. Ya tienes el Mediterráneo a tus pies para abrazar sus olas con un ímpetu de remembranza de los años mozos cuando en aquellas excursiones de colegio disfrutabas del Rodadero, Boca Grande o Coveñas de mi costa Caribe. Como no mencionar el Camp Nou el estadio del Barcelona o los Jardines Pedrables que se recorren en armoniosa paz. La vida te da sorpresas y aparecen mis parientes, con generosidad inigualable, nos embarcan en el crucero MSC Orchestra para que durante cinco noches y seis días vivenciáramos la majestuosidad de la isla Palma de Mallorca España y los puertos Génova Italia, Marsella Francia y Barcelona. La primera una isla encantadora con un orden urbanístico que la hace sencilla, sus edificaciones de hasta 5 o 6 pisos le dan uniformidad que agrada al turista. Partiendo de Mallorca sobre un mar Mediterráneo portentoso, se emprende un viaje de casi 36 horas a la ´conquista’ de Génova la ´patria chica´ de Cristóbal Colón, el paradigma de los conquistadores de América, teniendo el privilegio de recorrer la casa -previo pago de 3 euros-, donde naciera y viviera el navegante hasta los 14 años, según la disertación de Daniela –la guía turística-, que generosamente nos conduce por esos entornos. De regreso, Marsella, gran expectativa pues las referencias sobre sus bondades salen por doquier, y, efectivamente ese puerto francés lo tiene todo: majestuosidad en castillos con jardines espectaculares, parajes empinados cubiertos de casas que conducen a la basílica de Notre Dame, talvez réplica de la incendiada en París, una obra de arte que causa la máxima admiración, ubicada en un cerro que permite la divisa de una Marsella inconmensurable en belleza y armonía. La guía turística para darnos el adiós con mucho orgullo canta el himno de su patria, la Marsellesa, ¡nada más!, que nobleza el de esta gran dama, quien recibe nuestros aplausos en una elemental retribución que acepta complacida. En la agenda aparece Andorra un país que autónomamente se hace Principado por la mucha capacidad económica de sus residentes, constituyéndose en uno de los pocos paraísos fiscales existentes. Terminemos a la colombiana clásica con reflexión inquisidora: juntarse y mezclarse el español con el indígena habitante de nuestros territorios, constituye aculturar a la española, bien diferente si hubiera sucedido por ingleses u otros, mejor o peor, nunca se sabe cuando se especula sobre lo que pudo ser y no fue.
Rigoberto escudero Osorio
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