La espada de petro
Señor director:
¿Sabe Petro Historia de Colombia? Todo parece indicar que no. Por lo menos ignora que la espada es símbolo de guerra, violencia, odio. En el caso de Bolívar, el carnicero de Pasto, es símbolo de opresión, tiranía, dictadura. Para el departamento de Nariño y los pueblos de Patía y Pasto ese gesto es una afrenta si este año, casualmente, estamos llorando el más grande de los genocidios de nuestra historia cometido por Sucre y sus secuaces, órdenes de Bolívar, el 22 de diciembre de 1822. Olvidar que los imperios se fundan sobre el caballo y la espada es enmascarar las intenciones de invasión y despojo. El uso, en el caso de la espada bolivariana ¿es la transferencia sicológica de las ansias de poder absoluto? Y que sea un gobierno que propone acuerdos de paz con todos y para todos ¿no es una paradoja que Petro lleve la espada de don Simón como bandera? Petro y sus asesores olvidan que el amo de San Mateo invadió tierras que no eran suyas, sometió a despojo a los dueños legítimos de las haciendas, desplazó millares de neogranadinos y usurpó el gobierno de la nación de entonces. Para lograrlo, sometió a Santafe de Bogotá a 48 horas de violaciones, robos, destrucción, asesinatos. El 18 de septiembre de 1819 Bolívar entró a la capital con toda la crueldad y la sevicia de un emperador que conquista por la fuerza, no que libera por la razón. Se adueñó del poder por el miedo. Y por la pusalinimidad de los ‘próceres’ que se rindieron a los cascos de sus caballos, a sus botas y a su espada. ¿Quiénes permitieron que Bolívar, un extranjero, nos gobernara con los títulos de dictador, tirano? Y no solo sometió Nueva Granada a la dictadura más inicua, despiadada y vergonzosa sino que la llevó a la quiebra con impuestos impracticables para sostener a la tropa, extranjeros también. Hasta el punto de que fue ‘necesario’ enajenar, hipotecar, entregar ‘la república’, como llamaron el territorio, a los ingleses por empréstitos en condiciones de oprobio para los dueños de las minas de oro. Como quien dice: nos ‘liberó’ de España pero nos ‘regaló’ a Inglaterra. Y cuando ya aquí no había nada se marchó al Perú a hacer lo mismo. ¿Qué valor tiene entonces la famosa espada de Petro?
Adalberto Agudelo Duque
Merecido título para Darío Gómez
Señor director
Es clarísimo que la política es en el fondo una importante magnitud social, para entregar en sus resultados alegrías de todo tipo, que nutren de bienestar a la existencia de los seres humanos en sus correspondientes países. Darío Gómez cumplió dicho mandato en su quehacer dentro de la música como compositor y cantor, y en esa medida le puso “el sombrerito de la indignidad” a muchos sedicentes políticos en el orbe, y sobre todo en Colombia, que los tiene a tutiplén, y que la ejercen para engordar sus patrimonios.
Es mi sentimiento de despedida, comparando su trayectoria con el deber ser de la política, a una persona que con su música y letras le acompañó la vida en sabores dulces y en sinsabores a muchedumbres, en sus momentos de recreación y manejo del tiempo libre: con reuniones sociales y tertulias.
No traté ni conocí personalmente a Darío Gómez, pero siempre le he tenido un inmenso cariño, que perdurará. Su música me gusta y su éxito ‘Nadie es eterno en el mundo’ nunca me falta en reuniones y encuentros en que es pertinente. Que además casa perfectamente en muchas tertulias. Claro es que, por obra y gracia de las TIC será eterno, como lo ha sido Gardel.
Notas Cívicas le concede el título póstumo: Político Honoris Causa. Requiéscat in pace, Darío Gómez. La Santísima Trinidad te cubra de Gloria.
Rogelio Obando Vallejo
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