Los caballos de los carabineros
Señor director:
En la foto de la portada del 25 de junio se nota parte de la subestación rural de Carabineros de San Félix, nuevecita, un “yipao” “tuquio” de bultos y enseres de “coroteo”, el campero nuevo, bonito, con un sombrero aguadeño a guisa de banderola, y una silla de montar que corona todo el “viajao”. Se aprecian algunas pacas de heno y sobre ellas un galápago o silla inglesa de las que usan los carabineros, dos campesinas y un montañero con sus trajes típicos, y varios agentes carabineros. Los colores de la república de Colombia y del departamento de Caldas enmarcan la entrada principal de la subestación, que exhibe en la parte superior de la pared la silueta de la cabeza y del cuello de un caballo, y un letrero que dice: Es un honor ser policía.
En lontananza se observan las altas cumbres de la cordillera central de los Andes colombianos, las cuales enmarcan el vallecito donde se asienta La Holanda Caldense, como la “bautizó” el padre Víctor Menegón, misionero de La Consolata, italiano, el catequista y civilizador de los sanfeleños, hombre cívico, gestor de obras materiales de progreso en ese corregimiento que depende de Salamina, la Ciudad Luz de la patria. No sobra explicar que el nombre de Holanda Caldense obedece a la riqueza láctea de San Félix: leche, quesos y, en estos años recientes, el delicioso y nutritivo yogur, productos todos ellos ofrecidos y ofertados generosamente por hermosas vacas normandas y “foster” (Holstein- Friesian).
Pero lo que más llamó la atención de quien esto escribe es un bellísimo ejemplar equino de la raza Percherona, de color, capa o manto tordo (como dicen los españoles), es decir moro, enjaezado para ceremonia, montado por un carabinero que enarbola el pabellón nacional. Lástima grande que en la fotografía no alcanzó a salir el tercio posterior de tan soberbio corcel.
Los Carabineros de Colombia tienen su criadero equino en la hacienda Mancilla, en la Sabana de Bogotá, en jurisdicción de “Faca”, el municipio de Facatativá. Allí se encuentran las yeguas de vientre y los sementales, la mayoría de ellos de raza Silla Argentina y cuyos ancestros fueron importados de las Pampas (curiosamente esas llanuras australes, el valle del Nilo, los campos de Ucrania, la cuenca del Mississippi y la sabana de Bogotá son las mejores tierras del globo).
Acá en Manizales la Policía Nacional cuenta con la Escuela de Carabineros General Alejandro Gutiérrez, en cuyas cuadras o pesebreras pueden observarse caballos Silla Argentina, Mestizo Argentino, algunos de raza Belga y un ejemplar Frisón o Frisiano, amén de uno que otro Percherón, como el que muestra la foto. La raza Silla Argentina se formó por cruce del Criollo Argentino con razas centroeuropeas; es un equino grande y bonito, de temperamento tranquilo, trotón, muy apropiado para la vigilancia rural y urbana. Los carabineros lo manejan con doble rienda, esto es, filete y bocado (bocado rígido, de palanca o camas, se dice en el argot ecuestre).
Todos los semovientes de la Policía, machos, para el servicio de patrullaje en calles urbanas y veredas, tienen que ser capones, como quien dice, castrados, para evitar líos jurídicos y hasta penales que se derivarían del uso fraudulento y abusivo de sementales para eventuales casos de reproducción.
Los caballos de los carabineros, verdadero espectáculo en numerosos países, alegran y embellecen los eventos deportivos, culturales y patrióticos a lo largo y ancho de la geografía mundial. Los carabineros más famosos de todo el planeta son los de la Real Policía Montada del Canadá. A propósito, entre 1970 y 1975 o 1976, un canadiense de la provincia de Québec, el padre Émilius Goulet, sulpiciano, profesor de Sagrada Escritura en el Seminario Mayor de Manizales y rector de este prestigioso plantel eclesiástico, nos decía a los seminaristas, recién llegado él al país, con su castellano en proceso: “En el Canadá unas hermosas policias (sic) conducen el caballo, con una sola mano, a cien kilómetros por hora”. Quería decir que unos policías muy elegantes y bien puestos conducen el carro con una sola mano, a semejante velocidad. Confundió el padre Emilio, actualmente arzobispo emérito de San Bonifacio en el Manitoba, ex Superior Provincial de la Compañía de Padres de San Sulpicio y ex Secretario General de la Conferencia Episcopal de Canadá, los policías comunes y corrientes con los carabineros, y el automóvil con el caballo.
Atentamente,
Jaime Pinzón M., presbítero
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