Los tropiezos del cambio
Señor director:
No hay mal que dure 200 años ni pueblo que lo resista. Ha ganado Petro la Presidencia de Colombia para el período 2022-2026. Los artífices del triunfo han sido las personas más débiles, los llamados “nadies”, coadyuvados por una gran multitud consciente del país. Todos ellos motivados por un nuevo y necesario sistema de vida, acudieron a las urnas a fin de darle el galardón a su líder. El triunfante Gustavo Petro con su fórmula presidencial, ha tenido como lema de batalla: “El cambio por la vida”, es decir, darles la mano a los marginados, a aquellos que por más de 200 años han sufrido el azote de los distintos mandatarios de turno. El cambio implica entonces, equilibrar la pesada carga que siempre ha recaído en los olvidados de fortuna, mientras los dueños del poder se han nutrido y se nutren, inclusive con excesivos lujos y con dineros saqueados al erario, al paso que millones de compatriotas viven en pobreza extrema, mientras otro tanto de ellos muere de física desnutrición. El cambio que hoy ha escalado a la Presidencia de la República, no trata de quitarle nada a nadie, o tal vez sí, porque se le elimina la vaquita lechera a los corruptos, y en cambio se busca una mejor distribución de los recursos que se obtienen mediante el pago de impuestos que pagamos todos, con la conciencia plena de que el que más tiene, más paga. Esa nueva distribución económica debe incluir beneficios para el campo, con el fin de desarrollar la agricultura, la educación, la salud y el bienestar general del campesinado, para que no abandone sus tierras; igualmente debe favorecer el desarrollo de la industria y el comercio, en cuanto se requiere abrir nuevas fuentes de trabajo tanto para jóvenes como para adultos. Igualmente se deben desarrollar otras áreas de la sociedad, que se han quedado relegadas por las insidias de la clase dominante en el poder.
Cabe anotar que en un país que ha sido constantemente saqueado por la corrupción, el cambio no será nada fácil, por cuanto la descompensación social viene de centurias atrás, alimentada por los últimos gobiernos, caracterizados por un alto grado de corruptela que ha hecho carrera en todos los niveles de la sociedad; en consecuencia, el legado de los gobiernos de tendencia neoliberal, se traduce en la pobreza de más de 22 millones colombianos y el enriquecimiento ilícito de quienes han manipulado las riendas del poder. Entonces, desbaratar todo ese andamiaje, montado con dolosa habilidad, traerá consigo enormes dificultades, y si a eso se le agregan todas las trabas que colocarán los que se oponen al cambio, porque ven menoscabados sus mañosos intereses; en ese caso, el trabajo para arreglar las cargas será enorme y de camino largo. Si el cambio hubiese iniciado 74 años atrás, cuando Jorge Eliecer Gaitán aspiraba a la presidencia (recuerden que quienes se oponían al cambio lo mataron), en este momento no habría gente muriéndose de hambre en Colombia, a contrario sensu, el pueblo gozaría de mejores condiciones de vida.
Las breves reflexiones arriba expuestas, nos ubican en el punto de decir que el trayecto que debe recorrer el cambio, es tan largo como doloroso, y en efecto, los comprometidos con esa causa deben ser conscientes de la lucha que les espera, ya que es absolutamente difícil desmontar la injusticia social que ha imperado en nuestro territorio durante muchas décadas o centurias; pero esto no significa que haya que renunciar a ese noble objetivo; pues si se renunciara a ello, estoy seguro que las nuevas generaciones no lo perdonarían, porque lo considerarían que este momento histórico constituye un compromiso con la historia.
Julio Eduardo Luna Cabrera
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