Los derechos de los niños
Señor director:
El artículo 1° de la Ley 1098 de 2.006 establece lo siguiente: “Este Código tiene por finalidad garantizar a los niños, a las niñas y a los adolescentes su pleno y armonioso desarrollo para que crezcan en el seno de la familia y de la comunidad en un ambiente de felicidad, amor y comprensión”.
Disposiciones tan magnánimas, o más que esta, contiene muchas la legislación colombiana aprobadas a través de los años, todas en desarrollo de los artículos 44 y 45 de la Carta Constitucional. Pero, lamentablemente, todas se quedan en el papel, en las buenas intenciones de que está empedrado el camino a los infiernos. ¿Cuáles las razones? Niños hijos de padres irresponsables, niños pobres en la orfandad, niños de familias en la miseria o en la pobreza extrema, niños de familias desplazadas por la violencia, siendo el Estado el llamado a socorrerlos, aunque en la inmensa mayoría de las veces es una utopía, bien por desconocimiento de las autoridades, bien por desidia o por falta de recursos, pero, en la generalidad de los casos, por causa de la corrupción, si bien es cierto que muchos parlamentarios, gobernadores, alcaldes, contratistas, etc., se roban los recursos del erario, con mayor frecuencia los de destinación al auxilio de la niñez. ¿Cómo exigirle a una viuda o a una madre soltera sumida en la pobreza que no permita a su hijito que le ayude a conseguir el sustento diario si ni él ni ella pueden acceder a los derechos que la Constitución les consagra?
Corresponde, entonces, a quien resulte electo presidente de la República tomar las riendas del gobierno con firmeza y decisión para ponerle freno a los corruptos, a fin de que el presupuesto oficial cumpla cabalmente los fines para los cuales es aprobado. Y ello tiene que ser fruto de una relación armónica entre los gobernantes y todos los colombianos dejando de lado rencillas, odios y rencores, asimilándonos un poco al antiguo pueblo Cretense que logró su esplendor por veinte siglos de transcurrir pacíficamente. Tanto los candidatos como quienes integran sus respectivas campañas tienen que moderar su lenguaje y abstenerse de ofensas mutuas para que pasadas las elecciones tengan autoridad moral para conformar su gabinete con los mejores ciudadanos del país, a sabiendas de que tenemos que cuidar entre todos la paz, la armonía y la solidaridad que necesita hoy más que nunca nuestra martirizada patria.
Atentamente,
Manuel Galindo A.
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