Tolerancia política
Señor director:
Si democracia es divergencia, contradicción, aceptación de conceptos opuestos y riqueza de opiniones, ¿por qué tanta intolerancia y tanta animadversión por quienes no son afines con nuestras ideologías? Si en la variedad está el placer, ¿por qué tanta malquerencia y tanto sectarismo por quienes no piensan igual que nosotros? La heterogeneidad ideológica es dinámica intelectual, es riqueza conceptual, un emporio de abundancia de actitudes, de pensares subjetivos, de miradas diferentes que resumen nuestra particular visión de individualidad, identificación e independencia como seres superiores de la naturaleza.
Se iza la bandera de la democracia, vocablo bastante desgastado por su mal uso, pero que permanece en la punta de la lengua de los “políticos”, para conquistar con sus discursos premeditados a ingenuos electores que saben “de todo”, menos de tejemajes en la urdimbre del sagaz mundo de la política. La intolerancia, la violencia y el maltrato a quienes piensan distinto, es el aperitivo con el cual se inicia un gran banquete de animadversión. Se cuestiona, se fustiga y condena un sistema que lleva muchos años de estar administrando lo que debiera ser de todos y el resultado es irrefutablemente la corrupción y cuando aparecen líderes con propuestas, si no, novedosas, por lo menos diferentes, entonces se crucifican con argumentos falaces haciéndolos aparecer como la reencarnación de todos los males.
La democracia es igualdad y oportunidad para todos. Se pregona, se propala por los cuatro costados que estamos asfixiados, saturados y ahítos de lo mismo, de los lideres empotrados y enquistados en el poder por años y años y, cuando llegan oportunidades, aunque sean intenciones de cambiar, aparecen los contradictores echándose bendiciones, “vamos a dar saltos a un vacío sin retorno”.
Dos cosas iguales no existen por muy similares que parezcan y las comparaciones con lo más malo, tienen su intención manifiesta o soterrada para crear zozobra en un país polarizado que se encuentra en condiciones muy precarias por los factores que todos sabemos y que enumerarlas es llover sobre mojado. Quien está dentro del río no aprecia su magnitud. ¿Para qué es entonces la democracia, si no es para participar con plenas garantías y plena libertad en un país que se dice democrático?
Vale la pena revisar el concepto de fuerzas y contra-fuerzas en un ejercicio limpio, con altura intelectual, con argumentos de lealtad y humanismo, teniendo en cuenta que las confrontaciones hacen parte de la dinámica ideológica en una sociedad civilizada.
Cordialmente
Elceario de J. Arias Aristizàbal
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