¿Por quién votar?
Señor director:
Bien lo sabemos que el Señor presidente de la República, en un sistema llamado democrático, no es autónomo para legislar, ya que esta función le corresponde al Congreso. Tendría que asumir una actitud autocrática, pero esto no lo permite la legislación colombiana.
Es cierto, que el órgano encargado de proponer, discutir y aprobar las leyes, es función del legislativo, pero también es cierto que el presidente maneja la chequera del erario y su poder para negociar, manipular y comprar conciencias es muy poderoso.
Todos pensamos y actuamos diferente, de acuerdo con nuestras posturas ideológicas, que generalmente están en consonancia con nuestros intereses.
Los conformistas que siguen ad pedem litterae el estatu quo, siguen la línea del candidato Federico Gutiérrez el cual considera que todo va bien y que los cambios no son necesarios en un país que exuda por todos los poros injusticias sociales. Es un candidato con olor a pasado. Petro, que tampoco es la solución, si tiene a su haber un discurso, que aunque manido, procura audazmente interpretar las necesidades de los más necesitados, colocando sus buenas intenciones a su favor como el redentor y el salvador con propuestas que satisfacen a unos y ponen nerviosos a muchos que no les conviene que hayan cambios. Sergio fajardo, es el hombre moderado, reposado, respetuoso y tibio, con un discurso descolorido, insaboro y de poca convicción. Rodolfo Hernàndez, monotemático con la corrupción, vocablo que hace parte de nuestro menú diario y que de novedoso, no tiene nada. Es un señor más bien folclórico que tiene su gracia al expresar sus conceptos en forma abierta y sin mucho contenido político. Otros candidatos, brillan por su ausencia y les parece muy importante figurar por figurar, no importando la envergadura de la misión que implica su participación en algo tan trascendente. Lea parece que entrar en el abanico de los candidatos ya es suficiente, aunque sea para hacer el oso.
Lo anterior, como reflexión muy simplista, nos deja como mensaje que en Colombia, no hay líderes políticos que motiven, que sacudan las fibras de los electores, que conciten a las participación ciudadana en los grandes problemas que aquejan a sus habitantes. Se requieren líderes con improntas de estadistas, con talla y madera de hombres probos, que honren sus acciones con la dignidad de la verdad y que no sean pescadores en ríos revueltos, ni taumaturgos que nos quieren hacer creer que los milagros en política solucionan todo de la noche a la mañana, ni mucho menos magos que sacan debajo del sombrero el producto de sus habilidades. Ni derecha, ni izquierda, ni centro, se requiere un presidente que represente la unidad nacional, que sea consciente de los grandes problemas nacionales y que se comprometa a realizar sus actos de gobierno enmarcado en principios ético- morales, sin malicia, sin componendas y sin la corrupción de la cual estamos indigestos los colombianos.
Cordialmente
Elceario de J. Arias Aristizàbal
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