Poder poder
Señor director:
Una sociedad sumisa, unos pueblos adoctrinados por entes político-religiosos que han incubado poder por centenares de años, merced a la ignorancia y miedo a lo desconocido, adicionalmente arrebatando los bienes de manera non sanctas a gentes nobles, y, que históricamente poco han podido replantear su rol socio-cultural para desarrollarse participando con dignidad y principios éticos. Unos personajes siniestros dirigiendo los pueblos, ejerciendo poder, en su sentido más plano: ‘mandar’ con fines de la obediencia y sumisión como esencia de una falsa autoridad. Mercaderes de cualquier índole, con poder porque el dinero los ha catapultado así, para infortunio de los que tienen muy poco en términos de dinero. La palabra poder en la acepción que reviste este escrito se refiere al dominio o facultad que alguien tiene para mandar. Esta reflexión nos concita a escribir sobre el poder que se ha ejercido sobre estas sociedades que heredamos de los españoles sus quehaceres e ideologías. “El poder es para poder”, frase que despóticamente es usada por quienes lo ejercen para hacer autoridad en términos de tener vasallos. “El poder corrompe”, frase trajinada para significar que quienes acceden a él, pocas veces conservan las buenas conductas de las que alguna vez hicieron gala, merced a una educación-formación que la familia y la escuela les proporcionaron para aspirar a que hijos y discípulos construyeran sociedades dignas, justas, bien dirigidas y que provocaran el mejor estar en las comunidades, desde la salud, las costumbres y los recursos económicos en función de su progreso. En otrora, personas que lograban ejercer poder recibían los apelativos de sátrapa y ladino, el primero como el personaje que gobierna despótica y arbitrariamente haciendo ostentación de su poder, el segundo aquél que actúa con astucia y disimulo para conseguir lo que se propone; ambas ‘figuras’ parece que en la actualidad estuvieran adquiriendo el status de sus antepasados. Tirano, déspota y dictador complementan esta gama de personajes siniestros, ávidos de poder, que se pasean con la mayor indignidad mancillando la bondad, humildad y decoro de los pueblos. Nuestra patria no ha sido ajena a este tipo de autoritarios, la remembranza de uno sólo que ejerció hace más de un centenar de años, nos dice que ahí está el germen de los tiranos contemporáneos, se trata de un déspota que gobernó cuatro períodos desde 1880 a 1884: Rafael Nuñez “el Solitario del Cabrero”, de quien José María Vargas Vila elaboró una aterradora descripción en uno de sus más de centenar de libros; “Los Césares de la decadencia”. Parroquialmente, no menos importante era el poder que tenía don Roque “El mudo”, cerrajero del siglo pasado en el parque Caldas, que ante el no pago por su servicio volvía las chapas a su inutilidad en un dos por tres. En estos tiempos aparecen por doquier en el planeta los Putin, Maduro, Noriega;…, para desgracia de unas sociedades que rumbo a la extinción no hacen mucho por evitarla.
Frase: “La tiranía reina sobre la ignorancia de los pueblos”. F. de Miranda
Rigoberto Escudero Osorio
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