2 vivencias: sueño y realidad. 5 horas de tensión
Señor director:
Me levanté, como de costumbre, para ir a mi trabajo en el colegio San Luis Gonzaga como profesor de religión y filosofía. Me bañé. Comencé a levantar en orden de edad a mis 3 hijos que estudiaban en este colegio: Diana en 9º, Iván en 8º y Daniela en pre-jardín. Ya vestidos, mi esposa Nelly nos sirvió el desayuno. Nos subimos al Renault 4 modelo 89. Recorrimos la ruta ya instalada en la memoria: Los Nogales, Plaza de toros, Avenida del Centro, Teatro Fundadores, el cementerio, hospital y el colegio. Cuando ingresábamos al parqueadero, sonó el timbre para la toma de contacto y primera clase. Eran las 6 y 55 a.m. tic,tac; tic, tac…Y me desperté en la cama. El carro de la basura pasaba por la cuadra del barrio Los Nogales, cumpliendo su jornada habitual de aseo. Miré el reloj. Faltaban 5 minutos para las 7 a.m. O sea, me cogió la tarde, o mejor, nos cogió la tarde.
Me bañé a mil. Con acelere fui levantando a cada uno de mis hijos. Se organizaron rápido. Desayunamos contra-reloj. Abordamos el Renault 4 y nos dirigimos hacia el colegio. Cuando ingresábamos al parqueadero sonó la campana para la segunda clase. O sea, eran las 8 y 10 a.m... Cada quien fue a reportarse con la persona indicada por la llegada tarde. En mis 37 años de trabajo en el colegio fue la única vez que llegué tarde. Pero quedó grabado en mi mente este misterioso empalme entre sueño y realidad, entre el tic tac de una campana del colegio imaginaria y una campana real como la del carro de la basura.
A la 1 y 1/2 p.m., mi hija Daniela y yo, abordamos el vehículo para dirigirnos a nuestros sitios de estudio y trabajo: U. de Manizales y colegio San Luis Gonzaga. Pasamos por la Plaza de Toros, el parque centenario, e iniciábamos la Avenida del Centro, cuando nos tocó parar. Todos los vehículos estaban detenidos, pues había un paro generalizado en toda la ciudad de Manizales, debido a las alzas en pasajes urbanos. Pasaban por el lado del carro grupos de marchantes en una y otra dirección. Las busetas que estaban cerca fueron golpeadas y visitadas por jóvenes que sacaban radios u otros aparatos y se los llevaban. Nosotros dos dentro del carro y con las ventanas cerradas y aseguradas compartimos angustia y temor durante 5 horas. Hacia las 6 p.m., una buseta abrió un espacio y así pudimos pasar, subiendo hacia la carrera 22 y transitar hasta el barrio Los Nogales.
Alirio De Los Ríos Flórez
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