Bullying o acoso escolar
Señor director:
Quienes estamos doblando la esquina para desaparecer de la faz de la tierra, fuimos víctimas o testigos de los tratos indecorosos, denigrantes y humillantes de matones que han existido tanto hoy, como ayer y siempre.
Los escenarios siempre han sido los mismos: la escuela, la calle y hasta en la misma casa. ¿Las causas? Las mismas, con pequeñas variantes: el deseo de poder, de dominar, de envidia, de machismo, de aprovechamiento del más débil, dominancia, reconocimiento, liderazgo, lucha de clases y hasta sadismo.
En los hogares, quien lo creyera, los mayores hacen o hacían bullying con los menores creyéndose los papás con base en cualquier pretexto para castigar a los hermanos más pequeños y, óigase bien, muchas veces con la complacencia de sus progenitores quienes apoyaban, aprobaban y transferían autoridad como parte de su invencible ignorancia.
Existen muchas formas: burlas, apodos, maltrato verbal y físico, el aislamiento, quitarles los objetos personales, hacer trabajos sin ningún reconocimiento, imitación de disfunciones y otros, propios de la sagacidad y actitudes de quienes practican estas prácticas poco humanas que atentan contra la buena formación y convivencia.
Mucho se ha dicho y se seguirá diciendo y es la verdad, falta una educación familiar, escolar y social que impacte y pernee al ser humano desarrollando buenas costumbres, buenos modales y hábitos para la convivencia pacífica.
Quien lo creyera, también hay docentes, quizás muy pocos, que le cogen ojeriza a un estudiante y esa animadversión la confunde con su ejercicio profesional y no saben como aislar enfrentar la colisión de sentimientos con madurez y ética como parte de las debilidades humanas.
¿Cómo afrontarlo? Es cuestión de responsabilidad y trabajo en equipo. A veces la permisividad acompañada de debilidad conduce a la impunidad. Se habla de equipos interdisciplinarios para todo. Y, es aquí donde debieran de existir los equipos de trabajo interconectados para hacerle frente a algo que no parece tan grave, pero que tiene su influencia y trascendencia en la vida presente y futura de las personas.
Los directivos de una institución educativa no sólo deben dedicarse a sus funciones encerrados en una oficina como gerentes de corbata, también deben conocer con amplitud la naturaleza de su empresa y saber diagnosticar identificando las fortalezas, las debilidades y amenazas para aplicar correctivos oportunamente.
Los docentes no solo “enseñar conocimientos”, también es su responsabilidad estar atentos qué pasa en el interior de un grupo a quienes supuestamente se les está instruyendo en saberes que muchos de ellos se olvidarán y poco trascienden más allá de la vida postescolar. Y, los psicólogos, psico-orientadores o quienes trabajan conductas, comportamientos humanos, deben estar muy atentos para corregir a tiempo. Ah… y los llamados directores de grupo “tienen” un rol fundamental e ineludible acompañados de los padres o acudientes. Trabajo arduo, de entrega, pero esa es la función de los educadores de vocación.
Cordialmente
Elceario de J. Arias Aristizábal
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