Crónica de una guerra improntada en el alma.
Señor director:
Quiero hoy recordar a quienes conociendo la historia política del país, la olvidaron, cuando se dejaron cegar por una indiferencia patria que duele, que revuelve las entrañas y la vida.
Entre 1925 y 1958, Colombia vivió un período histórico denominado Violencia: confrontaciones armadas entre liberales y conservadores caracterizada por asesinatos, persecuciones, masacres, destrucción de la propiedad privada, y terrorismo por filiación política que se vio materializado en 1948 con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, un caudillo que había conquistado el corazón de este pueblo y tenía muy claro un proyecto de gobierno que prometía el logro de un país más justo, más humano pero que ponía en riesgo a la clase política dueña del poder y que sin consideración alguna decidieron exterminarlo y fue así como al acabar con su vida, acabaron también con los cimientos de una nación que al igual que hoy, se levantaba contra los abusos de la clase dirigente y de las injusticias sociales incrustadas en el gobierno.
Cuando esta guerra era ya incontrolable, estos mismos partidos liberal y conservador que habían sembrado horror y muerte en los campos del país, se vieron amenazados por la posible dictadura de Rojas Pinilla quien desde el 13 de junio de 1953 hasta el 13 de mayo de 1957 fue Presidente de Colombia en razón al golpe de Estado a Laureano Gómez.
Son muchos los años de guerra que hemos padecido: en 1964 se armaron las guerrillas, y así cada vez más perdidos como sociedad y como país; paramilitares que ofrecieron acabar con la guerrilla, gobiernos que se volvieron dictadores y enajenaron la libertad y el pensamiento de su pueblo bajo la mentira de una seguridad democrática que se volvió el holocausto más infame de nuestra historia.
Nos incrustaron en el corazón sentimientos de odio, descalificación del otro, ataques y amenazas a quienes piensen y opinen diferente, desplazamiento forzado, expropiación de tierras a los campesinos y en favor de los terratenientes, asesinato de líderes sociales, falsos positivos, violación a los derechos fundamentales de la población civil, en fin un camino de dolor, de impunidad, de abuso que hoy, en este 2002, cuando nos acercamos a la elección de un nuevo Presidente aún no hemos podido solucionar y seguimos como entonces en medio de una guerra sin final que nos está sitiando la dignidad y el decoro.
Ya estamos al final de esta campaña, que ha sido más un campo de batalla donde hemos dejado el honor, el amor por nuestra tierra, el discernimiento, el equilibrio, el respeto, las buenas maneras y la hidalguía que nos dieron nuestros antepasados; estamos en terreno minado de ataques, de vulgaridad, de cinismo; unos y otros hacen uso del arma poderosa de la tecnología, de las redes sociales, de los medios de comunicación para agredir, para olvidar la más elemental urbanidad que deberíamos tener en todos los momentos.
“Con cara gano yo, con sello pierde usted”, es la actitud de los irracionales que le apuestan siempre a ganar así sea en contra de la verdad, de la realidad, del deber, de la dignidad y del honor; que distorsionan los hechos para acomodarlos a sus creencias antes que transformar sus creencias para acomodarlas a los hechos sin apasionamientos, ni polarizaciones.
Son dos lados de una misma moneda que ya está jugada y por tahúres sin escrúpulo ni respeto alguno por la honra y el destino de esta Patria querida.
María Celmira Toro Martínez
Despilfarro de pintura
Señor director:
Desafortunadamente para los ciudadanos, en muchos casos, es un suplicio lo que hacen algunos funcionarios públicos abusando del poder.
En la calle 68 A del Bajo Palermo acaban de dibujar 14 avisos de prohibido parquear colocando 2 avisos frente a cada residencia, sumando así 14 avisos en un espacio de 60 mts de longitud. No menos de 10 galones de pintura blanca botada en el piso, en lugar de regalarla a tanto necesitado de barrios marginados para que remienden sus casitas. Lo que está haciendo movilidad municipal no solamente es un atropello a la comunidad, sino que amerita una demanda por contaminación visual.
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