Para qué a mí
Señor director:
Hace algunos años leí en la revista Javeriana un artículo de una joven mujer titulado “Para qué a mí”. Su autora Natalia García Muñoz, de 23 años en ese entonces, había sufrido un accidente automovilístico en Viena (Austria), donde hacía un curso de verano, que la llevó a permanecer hospitalizada durante 45 días. Era estudiante de 10º semestre de derecho, en la Universidad Javeriana, a la que pudo regresar al año siguiente. Ahí fue cuando escribió su artículo para la Revista Javeriana contando lo que había cambiado en su vida este accidente: modos de pensar, amistades, conductas, nuevas valoraciones, sentido de la vida. Siempre conservé en mi memoria esta vivencia del artículo leído y su título.
Si muchas personas fueran a escribir un artículo sobre algo difícil que les pasó en su vida, creo que el título sería: Por qué a mí. Me atrevo a decir que detrás de esta titulación hay una creencia, un mito, una sacralización equivocada: Dios nos castiga, y para ello cuenta con las enfermedades, las discapacidades, los accidentes, etc. ¿Qué hice de malo yo para que me apareciera este cáncer, esta tragedia? Y de pronto, como no somos conscientes de haber obrado mal, entonces es una injusticia este castigo. Lo afirmo claramente y seguro de estar en la verdad: Dios no nos castiga de ninguna manera. Él es amor eterno y lo único que es capaz de dar es ser, bien, felicidad, salud, sabiduría. Dios no conoce el no ser, la ignorancia, la injusticia, la violencia, la corrupción, la imperfección. De ahí que la pregunta, ¿por qué a mí? no tiene una respuesta desde el punto de vista teológico. La respuesta está en la reflexión muy válida de que todo ser humano es vulnerable. Esa vulnerabilidad puede ser pasiva o activa: me llega sin yo buscarla (discapacidades innatas, accidentes sufridos, efectos del mal actuar de otras personas) o actúo de tal modo que soy artífice de un accidente, de una corrupción, de un acto antiético, de un problema personal (adicciones y manías).
De modo que no cabe la pregunta por qué a mí; sino más bien la pregunta que busca sacar provecho aún de situaciones complicadas: para qué a mí. Me pasa, hoy, con frecuencia, sentirme agradecido cuando presencio a una persona que está viviendo alguna dificultad, que yo no. Pero además de la gratitud, siento una profunda admiración por esas personas que saben afrontar la vida a pesar de dificultades mil. En este diario “La Patria” presentaron una crónica del grupo musical “Arco iris” integrado por personas invidentes que se unieron para presentar bellos conciertos musicales. El nombre del grupo tiene que ver con su invidencia: el iris y los colores…El hombre de 27 años con parálisis cerebral que se gradúa en una universidad de Medellín y con trabajo en una multinacional. Creo que es válida la afirmación: “Nunca digas de esa agua no he de beber. Lo que le pasa a un ser humano, bueno o malo, también te puede pasar a ti. Creo que hay que estar preparados para algún día escribir: Para qué a mí.
Alirio De Los Ríos Flórez
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