Mirador y miradero
Señor director:
En la muy noble y muy leal villa de Nuestra Señora de las Victorias de Guadalajara de Buga hay un hermoso monumento en memoria y honor de un hijo epónimo de la Ciudad Señora, Buga la “rial” (real, del rey de España), el doctor Cabal Pombo, quien como ministro de Obras Públicas impulsó decisivamente la construcción de la carretera Buga-Buenaventura “para darle salida a media república al mar Pacífico”, según reza la placa conmemorativa.
El monumento es conocido como El Faro y se eleva a gran altura. Los lugareños y los turistas pueden subir por una escalera de caracol, de cemento, sin peligro de accidentes. Desde lo alto se divisa un paisaje espectacular: la ciudad, sus iglesias coloniales, la basílica y santuario del Señor de los Milagros, el hotel Guadalajara, tropical y hermoso, la avenida del Milagroso, los demás elementos urbanos, fábricas, etc. A lo lejos se puede contemplar el valle geográfico del río Cauca, del cual conceptuó el barón Alexander von Humboldt que allí tuvo lugar el paraíso terrenal. Y el Libertador Simón Bolívar lo calificó como el jardín de América. Al oriente se alarga la cordillera Central y al poniente la Occidental. Se aprecian la laguna de Sonso, y al norte y al sur los cultivos de caña azucarera, maíz, sorgo y otros productos de esa tierra feraz y privilegiada.
Todo esto para concluir que, además de orar a los pies del Cristo milagroso y de darse una pasadita por Dulces del Valle, los tradicionales de doña Cecilia Payán (primero Payán de Domínguez, luego solamente Payán...) e hijos, vale la pena de subir al monumento, faro o “mirador”, como allá lo llaman. Pero, ¡ojo!, el mirador es el observador, el faro es el miradero.
Atentamente,
Don Cecilio Rojas
Presidente y autoridades
Señor director:
El día de la primera vuelta presidencial recordé algo que estaba estipulado en el Concordato de 1887, convenido entre la República y la Santa Sede. En las misas dominicales, al final, había que hacer la siguiente invocación, en latín (¿para que nadie entendiera?): Domine, salvam fac rempublicam (sic); Domine, salvum fac praesidem ejus et supremas ejus auctoritaes. Traduzcamos: Señor, salva a la República; Señor, salva a su presidente y a sus autoridades supremas. ¿Qué tal? Hoy es más urgente y necesario que nunca. Nota- Esa invocación se cantaba con una melodía gregoriana muy bella, y la gente respondía con el Amén.
Atentamente,
Padre Jaime P.
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