Jaime Alzate


Sin duda, uno de los tesoros más preciados de cualquier democracia es la Libertad de Prensa. Lo primero que hacen los dictadores de cualquier gobierno es tratar de frenar con todos los argumentos que tengan a mano una prensa libre. Uno de los valores más preciados de una democracia es una prensa libre, pues le garantiza a sus ciudadanos información permanente sobre la forma en que se desempeñan los gobiernos, es la que permite que haya crítica y disenso, que se puedan expresar las diferentes opiniones sin temor a represalias, que se combatan las fuerzas extremistas y las tiranías, y se promueva la participación en todas las esferas de poder de una sociedad.
La Libertad de Prensa, desafortunadamente, ha venido enfrentando graves peligros, pero los más delicados son los que vienen de sus propias entrañas, por la forma radical y poco inteligente como está siendo manejada por algunos de los mismos profesionales, que han caído a límites vergonzosos por violación de las normas éticas y anomalías que transgreden elementales principios de honradez.
En los últimos días hemos visto ataques a la prensa libre, pero también a periodistas de oficio que se enfrentan con todo a la clase política, que para ser francos, es la que se atreve con más frecuencia a cuestionarlos.
Complicada la situación de la prensa y de los periodistas, y la única forma de enfrentar la corrupción es seguir los ejemplos de tantos valientes escribidores que entregaron sus vidas defendiendo con heroísmo sus principios.
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Con sorpresa leí en nuestro Periódico de la Casa del domingo pasado la columna de opinión firmada por el exministro Germán Cardona sobre el tan movido tema del Aeropuerto de Palestina. Así mismo, leí la carta del lector Jorge Iván Gaviria haciendo una crítica seria a los argumentos expuestos por el ingeniero Cardona, y confieso que no tendría nada que añadirle a estos comentarios, entre otras cosas porque aunque muchos dudan de la efectividad del proyecto, lo inoportuno de los comentarios puede producir una bomba que dé pie para que el equipo de gobierno, o los mismos contradictores del mismo, hagan perder una batalla que tanto trabajo ha costado y que se puede enredar por alguna imprudencia.
P.D.: El acto sexual es un pasatiempo con excesivo prestigio. La posición es poco estética. El placer es momentáneo y las consecuencias son deplorables.
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