Fanny Bernal Orozco


*Por Fanny Bernal Orozco
El maltrato psicológico en algunos sitios de trabajo, es un asunto que ocasiona no sólo enfermedades físicas sino también emocionales. El maltrato puede comenzar de forma sutil: solicitar informes en horas que nos son laborales, trabajar tiempo extra sin el pago del mismo, compensatorios sin remuneración, entre otros.
Son ocupaciones que comienzan de forma ocasional y poco a poco se convierten en exigencias que ‘se tienen’ que realizar con el argumento de que si no se hacen, está demostrando la falta de sentido de pertenencia por la entidad en la que labora.
Otras maneras de maltratar, son excluir e invisibilizar, ignorar, hacer a un lado a un empleado, no contar con él, a pesar de la experiencia que haya demostrado, a lo largo de su vida laboral; acciones todas ellas, que tienen como objetivo sembrar malestar y desasosiego.
Gritos, humillaciones, burlas, descalificaciones constantes, amenazas, van minando la autoestima de la persona que las recibe y sufre, tanto es así, que en ocasiones comienza a preguntarse, cuestionarse, a dudar de lo que hace, a sentir miedo de lo que dice y hasta a aislarse de sus demás compañeros de trabajo.
Hablar de maltrato psicológico, es también hablar de quien maltrata; a veces son jefes que abusan del poder para hostigar desde sus egos enfermizos y se ufanan de lo que dicen y hacen en reuniones laborales y en encuentros sociales, ante el silencio encubridor de quienes escuchan y son testigos del maltrato. -“Es que yo lo puedo echar, para eso yo soy el que mando, no me importan sus años de trabajo, ni de servicio”.
En otras ocasiones son compañeros, que hacen todo lo posible para destruir y arruinar la vida laboral y emocional de alguien que según ellos no les cae bien: -“Es que es tan perfecta que no me la soporto”. Maltrato que surge por envidia, por celos, por incompetencia, por maldad.
Así mismo encontramos que hay varias clases de maltrato, unos sutiles, otros evidentes, todos ellos tienen consecuencias nefastas para quien los vive, que van desde síntomas físicos como migraña, colon irritable, fatiga crónica, problemas de insomnio y de alimentación entre otros, hasta emocionales que pueden ser más difíciles y complejos, como baja autoestima, depresión, ansiedad, y en casos más agudos ideación suicida.
Por supuesto que en estas condiciones el rendimiento en el trabajo no es el mismo ya que la estabilidad laboral corre peligro; esta amenaza incrementa los estados de estrés y de desasosiego de la persona maltratada, comportamientos estos y respuestas emocionales que permean tanto las relaciones familiares y de pareja como las sociales.
En estas condiciones, se requiere apoyo especializado, algunos inclusive acuden al psiquiatra y al uso de medicamentos para poder contrarrestar los efectos del hostigamiento y del maltrato; en oportunidades logran que se les incapacite no solo para reponerse y cuidar su salud mental y emocional, sino además, para poner distancia frente al maltratador.
En muchas ocasiones hombres y mujeres callan y guardan silencio ante las humillaciones, lo que da patente de corso, para multiplicar el abuso de poder y la violencia verbal y psicológica del maltratador.
Desafortunadamente es necesario reconocer que mientras las personas afectadas buscan apoyo, hay otros que deben recibir tratamiento urgente y son nada más y nada menos, quienes ocasionan el maltrato por su incapacidad para respetar a los demás y no saber regular y controlar sus emociones.
*Psicóloga, Profesora Titular Universidad de Manizales
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