Efrain Castaño


Cuando en el año 56 de nuestra era San Pablo escribió la primera carta a los Corintios, esta ciudad había dado pasos de gigante; en efecto no solo era próspera y moderna para su época sino que ya había algunas comunidades creyentes que hablaban de la “locura de la cruz” por el amor inmenso que desde ella se derramaba, de la Cena o Eucaristía como reunión de Asamblea para celebrar el banquete iniciado por Jesús con las bases del banquete judío; también era ya comunidad de contraste el matrimonio cristianpo y la vida en virginidad. Pero llama la atención la razón que Pablo señala para que todo esto sea realidad apelando a la historia reciente y señalando que “Cristo es nuestra pascua” (I Cor 5,7), es decir que desde el señor Jesús arranca un nuevo nacimiento, una nueva manera de ver y estar en el mundo, un nacimiento a ser hombre nuevo o renovado en la fe.
Lo anterior nos remite a la consideración de la pascua judía que nos hace memorar el camino del Éxodo que marcó la historia del pueblo de Israel, un acontecimiento histórico que narra el libro del Éxodo con sus expresiones de epopeya nacional hasta llamar a Dios “ valiente guerrero” que ha librado la batalla de liberación de la humanidad y de cada hombre en particular.
Pero sobre todo pone el fundamento de ese paso gigante, de la transformación de la vida, en Cristo como pascua, es decir, como paso de Dios en Jesús de Nazareth, quien se hizo historia y con su muerte firmó acta de amor y con su resurrección brotó la experiencia y certeza de nueva vida, de paso a lo mejor, lo eterno, lo feliz.
Estamos en la semana pascual que es extensión del tiempo para considerar y vivir la alegría de haber sido testigos de la maravilla cierta del amor de Dios, de su intervención como buen pastor que guía al redil, como punto omega que atrae la vida dando nueva vida.
Gracias a la resurrección o pascua el túnel oscuro de la vida, que a veces parece ser, tiene puerta, salida, brote; la felicidad es posible gracias a este hecho pascual que nos invita a pasar de la oscuridad a la luz, de la tristeza al gozo, de la duda a la certeza, del miedo al arrojo, de la violencia al perdón, del desgano al entusiasmo.
Por ello, este tiempo se resume en dos palabras claves: pascua, es decir, es posible pasar a una nueva vida; y aleluya, que significa gozo, entusiasmo alabanza a Dios y gratitud por cuanto hace con nuestra historia.
Para todos; Feliz pascua, aleluya.
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