
Foto | Alexandra Serna | LA PATRIA
Moisés Wasserman Lerner, rector saliente de la Universidad Nacional. Estuvo ayer en el Campus El Cable.
33 años como profesor de la Universidad Nacional, seis de ellos al frente de la rectoría de esa institución, es tiempo suficiente para que Moisés Wasserman Lerner se pensione. A esto aspira quien gobernó por dos períodos seguidos la institución de educación superior estatal más grande del país.
Ayer estuvo en Manizales exponiéndoles a estudiantes, docentes y administrativos el balance de su gestión. Estará en el cargo hasta finales de este mes, y lo sucederá el matemático Ignacio Mantilla Prada, elegido por el Consejo Superior el pasado 29 de marzo.
Wasserman Lerner le contó a LA PATRIA que seguirá vinculado a la Universidad a través del laboratorio de bioquímica, donde tiene varios proyectos, y del acompañamiento a tres estudiantes de doctorado. También estudiará.
- ¿Cuál fue el mayor logro de su gestión y qué destaca de la sede Manizales?
Una universidad que se modernizó de acuerdo con unos estándares internacionales de educación superior, se afianzó en su capacidad de investigar los problemas del país y se abrió a la sociedad. La sede Manizales obtuvo un dinamismo extraordinario tanto en los servicios de docencia que se prestan a estudiantes, como en su capacidad de investigar y relacionarse con problemas de la región.
- ¿Qué tareas le quedaron pendientes?
Hay que seguir afianzando la capacidad de la Universidad de responder a los problemas de la sociedad colombiana y mejorar día a día la calidad de la educación. Hubiera querido que creciera el número de estudiantes y más universitarios cubiertos por nuestros sistemas de bienestar, que a pesar de que son agresivos y ambiciosos están limitados por recursos. En Manizales, por ejemplo, queda en curso la construcción de edificios de laboratorios.
- ¿Cuál es el reto para el próximo rector, especialmente en financiación?
No solo para el rector, sino para toda la sociedad. Un sistema de financiamiento estable y sostenible, siendo consciente de que tiene que ser de alta calidad, porque puede ser estable y sostenible, pero barato. Me temo mucho que en gran medida la educación básica y media llegó a esa situación y, por tanto, de calidad inferior.
- ¿Cuál debe ser el papel de la Nacional en la reforma de la Ley 30 de 1992?
Debe mantener una posición de liderazgo. La Nacional tiene la gran ventaja de su calidad y cobertura en muchas regiones del país. También su resistencia a los cantos de sirena políticos que se dan en otras universidades donde, infortunadamente, son susceptibles a influencias. La Universidad por ser nacional tiene un manejo más independiente de presiones y esto es importante para liderar las propuestas.
- ¿Ese liderazgo implica oposición al gobierno o al menos una posición más crítica?
No diría eso, sino que la Universidad sea independiente, con criterio y muy técnica. Lo que está bien, decir que está bien, y lo que está mal, decir que está mal. También hay que ser propositivos, por ejemplo, a través del Sistema Universitario Estatal planteamos un modelo que les compensaba a las universidades las inversiones que habían hecho y que obligaba la ley.
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