EFE | LA PATRIA | Sevilla (España)
Histórico.
Un toro bravo, de embestidas profundas y de máxima entrega en la muleta, hizo vibrar el miércoles pasado las viejas piedras de La Maestranza de Sevilla (España) como en las tardes más memorables.
Desde que salió al ruedo, para tomar una larga cambiada que le ofreció de rodillas Manuel Escribano a la salida de chiqueros, Cobradiezmos, como llamaron al ya histórico toro de la ganandería de Victorino Martín, se llenó otra tarde de abril con las emociones que solo genera la raza de los verdaderos toros bravos.
Aunque en varas tardó un tanto para arrancar al caballo, el cárdeno ejemplar empujó fuerte en el peto y, sobre todo lo demás, dejó constancia de su absoluta entrega para descolgar su cuello y seguir las telas a ras de arena hasta el final de cada pase.
Y así siguió haciéndolo en la faena de muleta que le planteó Escribano, en la que el diestro sevillano se mostró muy generoso para lucir la completa y honda bravura del victorino, que repitió incansable sus fieles embestidas, por mucho que algunos desaciertos técnicos del mismo lidiador no lo llevaran a apurarlas en toda su dimensión.
Pero era tal la vibración que generaba ese toro que ya a mitad de la faena comenzaron a surgir los pañuelos que pedían el indulto de Cobradiezmos, mientras el animal seguía embistiendo al mismo nivel y Escribano se recreaba en tandas de pases cada vez más intensas e incluso en los adornos que dieron sazón a la tarde.
Y por fin asomó el pañuelo naranja que enviaba al toro a su finca en Extremadura, lo que marcó un hito que no se producía en La Maestranza desde hace cinco años, el 30 de abril del 2011, cuando Arrojado, otro bravo de la ganadería Núñez del Cuvillo, se ganó el perdón de la muerte.
Previo a Cobradiezmos se lidió otro gran toro del sello de Victorino Martín, Galapagueño, menos armónico de hechuras y de embestidas no tan emotivas, aunque más templadas e igual de profundas que las de su hermano de camada.
A este toro también le cortó las dos orejas, tangibles y no simbólicas, el torero de Murcia Paco Ureña, que le puso muletazos hondos y de ritmo lento con ambas manos en una faena con algunos altibajos provocados por puntuales desajustes.
Pero de una y otra forma, esta fue la faena que comenzó a levantar la tarde, y la Feria de Abril, como la alarma del despertador que acabó con un largo letargo.
Con los otros cuatro toros no hubo tanta emoción en la plaza, pues el primero de Escribano sacó poca raza y alguna mala idea, y el sexto nunca se empleó tras la muleta de Ureña, a pesar del notable, pero vano esfuerzo del murciano en busca de la salida por la Puerta del Príncipe.
Por su parte, Morenito de Aranda tuvo un lote con ciertas opciones, pero exigente, ante el que no aplicó la mejor estrategia para sacarles lucimiento.
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