
Nelson Matta
COLPRENSA | LA PATRIA | MEDELLÍN
"La verdad, tengo mucho miedo, porque todos los días se me mete el diablo a la cabeza, porque no tengo mi metadona".
Las palabras brotan envueltas en susurro entre los labios de Simón*, un universitario de 25 años residente en Medellín.
No es fácil conversar de esto, pero él ya aceptó que está en guerra con una parte de sí mismo, un pedazo de su mente proclive a naufragar en el pantano de las drogas. "La heroína me dañó la vida, vos nunca terminás de conocerla, es una magia maldita, te agarra y no te suelta, y querés más, y no sé de dónde sacás plata, pero aparece; la heroína te quita tu familia, tus valores, tu belleza, te volvés un solitario que todo lo hace para consumirla".
Desde el 16 de enero de 2012, cuando retomó el tratamiento para la adicción, no cae en el embrujo de esta sustancia parida de la planta amapola, gracias a la metadona.
Pero ahora ve amenazado ese progreso, pues el medicamento es escaso. "Hace dos semanas me toca buscarlo por mi cuenta, consumo 80 miligramos al día y tuve que bajar a 50 porque no hay", protesta.
La Secretaría Seccional de Salud y Protección Social de Antioquia confirma la situación. "Desde junio del año pasado hay un desabastecimiento a nivel nacional de esa medicina", indica una vocera.
Los tiempos más críticos han sido agosto y septiembre de 2011 y febrero de la presente anualidad, a juicio de Juan Carlos Delgado, coordinador asistencial de la ESE Carisma.
Añade que las zonas más afectadas son Antioquia, Quindío, el altiplano cundiboyacense, Norte de Santander y San Andrés, "donde el consumo de heroína se incrementó".
La sed de los narcodependientes crece con la escasez de la metadona, y esto ha favorecido el mercado negro y a los jíbaros, que ya tienen otro producto qué ofrecer en su portafolio de estupefacientes.
Simón comenzó a abusar de la droga a los 11 años, con fármacos como rivotril y rohypnol. Su curiosidad malsana y dudosas amistades lo sumergieron después en marihuana, perico (cocaína de inferior calidad), éxtasis, akinetón y alcohol, entre otros alucinógenos. "Yo metía de todo", reconoce.
A los 18 años conoció a dos chicas divinas, de cabello anochecido y piel blanca y pura, como la cocaína. Igual que él, amaban el black metal, con sus melodías sombrías e invocaciones al averno.
Estaba con ellas en el parque de La Mota, sentados en una banca, donde inhaló por primera vez la heroína. "A los 10 minutos estaba 'hache', metido en mi mundo, adormecido, demasiado relajado", recuerda.
La segunda vez fue en el barrio La Floresta, donde puso plata para pagarle al jíbaro. "Un gramo valía 60 mil pesos y duraba dos días". Después, no pudo detenerse.
El toxicólogo Hugo Gallego Rojas, especialista en farmacodependencia y médico de las clínicas Las Vegas y Las Américas, cuenta que la heroína es altamente adictiva: "Un 75 por ciento de las personas que la consumen dos o tres veces, pueden quedar adictas".
A Simón le sucedió, se volvió un "yonki", arrastrándose detrás de una dosis como un zombi que busca cerebros. "No hay plazas fijas para comprarla, el jíbaro te pone una cita por celular y hay que esperar a que él llegue, a nosotros nos dieron su teléfono y ya ese número era sagrado".
La caída libre continuó y a los 20 años sufrió su primer "mono" o "monkey", es decir, síndrome de abstinencia. "Uno siente que le están arrancando el corazón y partiendo los huesos, ninguna pepa me servía, tampoco la heroína inhalada".
Entonces su novia, una de aquellas dulcineas con piel como cocaína, le recomendó que se la inyectara. "Sentí un orgasmo triplicado", comenta Simón, y aquello fue el preludio de la crisis.
Se retiró del estudio, huyó de su casa, aprendió a robar, a mendigar, vendía confites en los buses, todo para arañar unos pesos y así comprar los gramos y la jeringa de insulina para "chutarse" (inyectarse).
Tuvo cinco sobredosis y aún respira de milagro, porque la "H", la "dama blanca", es potencialmente mortal.
Gallego narra con pesar que conoció a un paciente universitario, que se inyectaba 17 veces al día. Tenía apenas 22 años y el "mono" lo empujó a urgencias del hospital San Vicente de Paúl.
"Le encontramos fiebre y un soplo en el corazón, el diagnóstico fue endocarditis bacteriana, una infección severa en las válvulas del corazón. Me decía: 'doctor, ayúdeme que ahora sí la voy a dejar'. Falleció a los cuatro días", acota el médico.
En 2009, con apenas la nariz asomada en las arenas movedizas del oprobio social, Simón decidió tomar un tratamiento para superar el problema. Confiesa que ha recaído un par de veces, aunque desde el 16 de enero está limpio.
Carlos Delgado, coordinador asistencial de la ESE Carisma, entidad que a la fecha atiende 185 usuarios adictos a la "H", señala que la metadona es una sustancia semisintética, del grupo de los opioides u opiáceos, igual que la heroína.
La idea al suministrarla es reemplazar la dependencia del estupefaciente, pues la metadona controla el síndrome de abstinencia y no produce la euforia; luego se van reduciendo las dosis de la medicina. Esto va acompañado de la terapia sicosocial, familiar y demás actividades que completan el tratamiento.
Por su efecto analgésico, la metadona también es paliativo para enfermos de cáncer.
En Colombia, estas pastillas son un medicamento monopolizado por el Estado (resolución 1478 de 2009), "debido a su potencial de causar dependencia y abuso", según un estudio del Fondo Nacional de Estupefacientes (FNE).
Dicho ente del Ministerio de Salud es el encargado de importarlo desde E.U. y distribuirlo en nuestro país.
En el caso de Antioquia, el Fondo surte a la Secretaría Seccional de Salud, que hace pedidos cada trimestre o semestre. En la región, "el consumo promedio mensual de metadona es de 231 frascos, cada uno de 20 tabletas de 40 miligramos", precisa la vocera.
La Seccional, a su vez, vende cada frasco en 84 mil pesos a las Instituciones Prestadoras de Servicios (IPS) y aquellos centros autorizados para administrar el opioide a los narcodependientes.
La carencia, sin embargo, ha afectado toda esta cadena de distribución y, por supuesto, a los pacientes.
En Quindío, por ejemplo, alcanzó un nivel tan preocupante a principios de este año, que la Defensoría del Pueblo instauró una tutela contra el FNE. En ese departamento hay 384 inscritos en el programa de rehabilitación, declaró José Antonio Correa, director del Instituto Seccional de Salud.
A la Seccional de Antioquia, el Fondo le debía 198 frascos del pedido anterior, mercancía que solo estuvo disponible desde hace pocos días.
¿Por qué se presenta el desabastecimiento? Los expertos consultados coinciden en que hay tres factores: el primero es que la metadona no se fabrica en Colombia, por lo cual dependemos de la producción extranjera.
El segundo, es que se incrementó el consumo interno de heroína, pues el país es uno de los líderes en cultivos de amapola, la materia prima para esta droga. Si hay oferta, bajan los precios, y así un gramo que hace 10 años valía 80 mil pesos, hoy cuesta 20 mil, e incluso en 5 mil cuando es de baja pureza. Por eso, ahora hay enviciados a la "dama blanca" en todos los estratos.
El tercer factor para la escasez es que aumentaron los pedidos de metadona, no solo porque hay más adictos, sino que a partir del 28 de diciembre pasado (acuerdo 029 de 2011), es uno de los medicamentos cubiertos por el Plan Obligatorio de Salud (POS).
Tal parece que los jíbaros están enterados de la limitación en las entidades legales y ahora incluyen el medicamento en sus ofertas. El mismo que antes le vendía heroína a Simón, hoy ofrece la metadona.
"Me vende una pastilla de 40 miligramos en 10 mil pesos", comenta el joven.
Esto demuestra la manera en que los expendedores ilícitos se aprovechan de los necesitados, pues en Carisma, por citar un caso, esa pastilla vale 5.250 pesos. "Incluso hemos sabido que venden la tableta a 30 mil", agrega Delgado.
El funcionario afirma, basado en información extraoficial y de usuarios, que "algunas aseguradoras están dando la metadona sin un control estricto, y le mandan a un paciente 120 tabletas para todo el mes; eso afecta el tratamiento y favorece el mercado negro, porque él toma una dosis para controlar el 'mono' y el resto lo vende".
Es así que parte del inventario, de monopolio del Estado, termina en las manos de los microtraficantes.
El toxicólogo Gallego va más allá: "Hay médicos que venden la fórmula de metadona en 10 mil o 15 mil pesos, y a veces el paciente se vuelve jíbaro, redistribuyéndoles a otros adictos".
Este tráfico clandestino es tan novedoso en Medellín, que la Policía Metropolitana no tiene registros de incautaciones de dicha sustancia en los últimos dos años.
El Grupo de Estupefacientes de la Sijín reporta que en lo que va corrido de 2012, en el Valle de Aburrá se han decomisado 5.884 pastillas de droga sintética: rivotril y éxtasis, principalmente, pero ni una sola de metadona.
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015