Blanca Eugenia Giraldo
LA PATRIA | MANIZALES
Si los ojos son el espejo del alma, la voz abre las puertas para llegar al corazón. Así podría definir la ternura que causa Carlos Alberto Rivillas cuando habla. Hay que decir que no es cantante y tampoco orador, pero sí que sabe comunicarse. Lo hace con el alma y asustadizo como un niño es capaz de llegar a las lágrimas cuando el sentimiento lo invade.
Rivillas es fitopatólogo y le falta poco para llegar a los 30 años de trabajo en el Centro Nacional de Investigaciones del Café (Cenicafé). Es como el médico de los cafetales, el que se encarga de controlar sus enfermedades y hasta se atrevió, junto con su equipo de trabajo, a crear nuevas variedades de café como la Castilla, que tiene unas siete variantes en la región.
El manizaleño Rivillas es ingeniero agrónomo de la Universidad de Caldas. Sus primeros pasos en el Centro Nacional de Investigaciones del Café (Cenicafé) fue para realizar su tesis. Allí investigó para hacerle frente a la roya, pero en ausencia de la enfermedad. Al culminar su trabajo de grado se casó con una venezolana que conoció en la U. de Caldas y se fue a vivir al país vecino desde 1978 hasta 1983.
Aunque el amor lo impulsó a quedarse en Venezuela, había algo más, su trabajo con el café. Allí formó parte de la Comisión nacional de prevención contra la roya, mientras laboraba en dos institutos. Después de cinco años, el entonces director de Cenicafé, Silvio Echeverri, lo invitó a regresar. "Hablé con mi señora y mis hijas y regresamos a Colombia".
El 1 de febrero de 1983 regresó a Cenicafé. Junto con su equipo de trabajo investigó para manejar la roya a la colombiana y fueron pioneros con los fungicidas a base de cobre para controlarla. Ahora hace un balance y dice: "la roya sigue golpeando a la caficultura, pero existe mucha tecnología en variedades susceptibles para que el productor minimice su impacto".
Su lugar favorito es el invernadero con sus amadas plantas de café que se convirtieron en su vida, en su pasión. "Son muchos años en los que mi única actividad ha sido la planta de café, fui productor durante 10 años y todos mis experimentos están relacionados con ver una planta de café sana, vigorosa y productiva, por eso se van convirtiendo en los hijos de uno".
Aunque tiene buen dormir, en estos 30 años las enfermedades de la planta de café, en particular la roya, sí le quitan el sueño. Dice que es devastadora, impacta de manera negativa la producción, a muchos productores les ha obligado a perder sus cosechas y mucho dinero. "Para mí, la roya es un reto y una preocupación, hoy día me atrevo a decir que ver un cafetal con problemas fitosanitarios me da el mismo dolor que si pudiera estar viendo un ser humano enfermo, aunque es dura la comparación, lo que le quiero decir es que las quiero mucho".
El científico manizaleño ha desarrollado proyectos de investigación en varios países. Entre 1998 y el 2003 hizo su maestría en microbiología en la Universidad de Kent (Inglaterra) y participó en un convenio con la Comunidad Europea con investigadores de cinco países de España, Francia, Cuba, Camerún y Bélgica. Este trabajo se hizo solo con banano, debían observar cómo se comportaban las micorrizas (hongos benéficos para las plantas) que dentro de sus funciones tratan de proteger la raíz de un planta contra organismo patógenos (malos). También ha compartido su conocimiento sobre la roya con los países centroamericanos.
Su hogar lo conforman su esposa, Paula Yoli Cardozo, y sus hijas, María Alejandra y Paola Andrea. Antes era el rey de la casa, aunque creo que para obedecer (risas). "Ese lugar ya lo ocupa mi nieto, Antonio, que ha llegado para iluminar el hogar de mi hija mayor y el nuestro". Con la voz entrecortada y unas ligeras lágrimas demuestra la emoción que le produce hablar del nuevo miembro de la familia, es como un remanso que espera disfrutar hasta que la vida se lo permita.
25 profesionales han trabajado con Rivillas. A unos les orientó la tesis, otros son jóvenes investigadores y unos más son profesionales graduados. "Estoy muy orgulloso porque todos están ocupando posiciones muy importantes en el país y en el exterior, incluso sobrepasaron su capacidad de generar conocimiento y de generar resultados en la agricultura. Me satisface dejar una escuela de nuevos profesionales que siguen los pasos que uno les ha marcado".
La Asociación Colombiana de Fitopatología (Ascolfi) le otorgó el reconocimiento de investigador de la fitopatología en Colombia, Premio Héctor Delgado Zambrano 2012-013. Se le otorgó como una forma de destacar su labor al servicio del estudio de las enfermedades del café y el manejo integrado de esta planta. "He tratado de entender que mi trabajo es resolver los problemas fitosanitarios de la caficultura".
Dice que es optimista y que las vicisitudes no lo doblegan. "No he visto una situación más crítica para el productor de café, pero lo que está haciendo la Federación apunta a un renacer en la caficultura. Sé que darle ánimo a quien está padeciendo es difícil, pero vamos a salir adelante".
A su amor por la planta de café, le suma la pasión por el Once Caldas. Sus amigos le dicen que él no es aficionado sino hincha y así lo reconoce. Aunque trata de ser realista le gana la pasión. Al Estadio Fernando Londoño asiste desde hace 55 años, primero con su papá, luego con su novia y cuando se casó "ella jamás volvió, solo pregunta por el resultado", pero como él no falta a ningún partido, su amigo José Fernando Restrepo, también agrónomo, lo acompaña desde hace 25 años.
La música rumbera, la vieja y la colombiana son otras pasiones. "He estado en clases de baile: salsa, bolero, popular, milonga y hasta tango, que me ha dado un poquito de más trabajo. Bailo todo lo que suene desde el Baión de Madrid". Hay dos canciones que le erizan la piel: Soy colombiano y El camino de la vida.
A este investigador de las enfermedades del café lo seduce más la planta frondosa y con frutos bonitos y sanos que tomar la bebida. "Tomo muy poco café, pero mi esposa se toma el de ella, el mío y el de muchas otras personas, es una gran tomadora de café". Cuenta que en el trabajo es igual, no pasa de dos tazas al día. "Siento pena con mi institución, aunque creo que el consumo de café en Colombia no se va a aumentar por el café que yo me tome. Para no ser descortés, en toda finca que llego sí me lo tomo".
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