
Lina Moreno
LA PATRIA | Manizales
El deseo de Hugo León Patiño Ortiz se cumplió. Sus cenizas fueron esparcidas en la grama del estadio Palogrande, ese al que no faltaba en cada partido del Once Caldas, el equipo en el que actuó y dejó huella, y al que nunca dejó de apoyar.
Hugo se fue. Un accidente automovilístico el pasado 5 de mayo le quitó la vida. Su familia, previo al juego del ‘Blanco Blanco’ frente a La Equidad por la Copa Colombia, se encargó de cumplirle el deseo. “Fue una alegría muy íntima, dándole gracias al Señor por lo mucho que me lo querían”, cuenta Martha su mamá, al recordar los aplausos y los cánticos de la barra Holocausto. “Ohhhh, Hugo no está muerto, está vivo acá, adentro”, cantaban en la popular norte.
Vacío en la casa
La silla ya no está, Hugo tampoco. En su casa solo quedan las fotos de su paso por equipos como Atlético Bucaramanga, Santa Fe y Once Caldas y los miles de recuerdos que dejó en su mamá Martha Iliam, su compañera sentimental Viviana Jurado y su hijo Hugo Andrés.
Doña Martha no puede ocultar el dolor al hablar de él. Apenas lo nombra, su voz se entrecorta. Cuenta que las sillas de ruedas, en las que su hijo debió movilizarse los últimos cuatro años y nueve meses, las donó.
En medio de todo, una sonrisa aparece para nombrarlo, pues la característica con lo que más lo recuerdan es la alegría. Así lo señala precisamente Ancízar Valencia, quien jugó con él y hoy en día entrena a su hijo en las divisiones menores del Club: “Una persona que siempre tenía una sonrisa reflejada para todo el mundo. Recuerdo mucho su alegría, su chispa...”, recalca.
Esa sonrisa también la recuerdan los aficionados del Once que cada ocho días iban al estadio. Allí siempre veían a un hombre en silla de ruedas sobre la pista atlética, en el sector de occidental. Tal vez, muchos de estos hinchas no sabían de quién se trataba y por qué varios jugadores del blanco siempre lo saludaban con cariño.
Jugador de recorrido
Hugo León fue el jugador más joven de su época (1987) en debutar en el fútbol profesional de Colombia. A los 15 años formó parte del Once Caldas, donde jugó al lado de Óscar Córdoba y Juan Carlos Henao, entre otros. “Uno de los mejores jugadores que vi en Manizales. Tuvimos una gran amistad, fuimos compañeros con el profesor Víctor Luna, arrancamos nuestra carrera juntos”, agrega Ancísar Valencia, hoy asistente técnico del equipo.
Actuó también en el Bucaramanga, Pereira, Lanceros y Santa Fe. Algunas veces como volante de creación y otras como delantero. Con los bumangueses consiguió el título de la primera B y, asimismo, integró la Selección Colombia en Suramericano de Perú.
Los últimos años de su vida los dedicó en gran parte a orientar a su hijo de 14 años, que también es amante del fútbol. Su consejo en el tema, cuenta el pequeño Hugo Andrés, era que corriera todos los balones. De eso se la pasaban hablando, a pesar de que Hugo padre era hincha del Once, el Barcelona y Messi y Hugo júnior, del Atlético Nacional, el Real Madrid y Cristiano Ronaldo.
“Él empezó a traer el hijo, con muchas condiciones, a las inferiores y hace alrededor de un mes me acuerdo las palabras: que me lo encargaba, que le colaborara mucho, pero creo que en el hijo hay mucho reflejado del talento de Hugo” concluye Valencia.
Giro de 180º
En agosto de 2007, cuando Hugo ya estaba retirado del fútbol, un desafortunado accidente pareció cerrarle las puertas del todo. Lo balearon en el barrio El Nevado, cuentan sus familiares, porque lo confundieron con otra persona.
Esto lo llevó a vivir los últimos años en silla de ruedas. Con su discapacidad comenzó a practicar la natación, aunque sin mucho éxito. Recuerda su sobrino Felipe Giraldo que en las competencias se quedaba colgado, le cogían ventaja hasta de una piscina entera, pero el público igual lo animaba.
Finalmente Hugo optó por el oficio de comerciante y su cercanía al fútbol fue gracias a su hijo y a su amor por el equipo blanco. Nunca faltaba al estadio. Se ubicaba en la pista atlética y desde allí le hacía fuerza al equipo y en especial a Dayro Moreno, el jugador que más admiraba, precisamente por ser aguerrido y, dice su hijo, por ‘correlón’.
Los últimos meses, señala su esposa Viviana, sufrió por la situación de su equipo. “¡Qué bueno que papito Dios les diera un empujoncito!”, decía. Ahora, tanto ella como el resto de seres queridos aseguran que él, desde el cielo, dará una mano para que ese empujón se dé.
El Dato
Hoy, a las 7:30 p.m. se celebrará una misa de fin de novenario de Hugo León en la iglesia Santa Ana del barrio Villacarmenza.
Esto dicen sus familiares
Felipe Giraldo (Sobrino)
“Siempre sonriente, pendiente de su familia, bondadoso y noble”.
Hugo Andrés Patiño (Hijo)
“Yo admiraba que siempre vivía feliz”.
Martha Iliam Ortiz (Mamá)
“No era un hijo, era un amigo. Dicen que no hay hijo malo, pero estoy diciendo la verdad. Me decía mamacita”.
Viviana Jurado (Esposa)
“Excelente esposo, demasiado noble, cariñoso y tierno”.
El accidente
El sábado 5 de mayo Hugo iba en su carro en la vía Neira – Aranzazu. En la vereda El descanso, su vehículo rodó unos 200 metros hasta caer al río Tareas y desde ahí se iniciaron las labores de búsqueda, que finalizaron con su hallazgo el martes 8. Su cuerpo lo encontraron en una empalizada, en el sector de El Madroño.
La anécdota
Doña Martha recuerda que a Hugo le afectó mucho emocionalmente quedar en situación de discapacidad. Para ayudarlo, ella se lo llevó a la plaza de mercado y allí, fingiendo comprar unos bananos, esperó hasta que pasó un hombre que, sin piernas, se arrastraba entre huecos y charcos. Al ver esto, Hugo dijo: “yo tengo más que muchos”. Desde ahí, dice ella, cambió totalmente de actitud.
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