Osvaldo Hernández
LA PATRIA | Manizales
El juego es uno de los pasatiempos más atractivos en las concentraciones de las delegaciones deportivas. Mientras esperan la hora de la competencia, bajan el estrés jugando cartas, billar, poker, dados, fichas y hasta los electrónicos que ofrece ahora el mercado.
Apostaban de todo. Desde un reto físico hasta las famosas penas o cualquier cosa. En un partido Atlético Nacional - Cortuluá, en Medellín, hubo una apuesta el día antes por la noche.
Se pusieron a jugar cartas y el que perdiera se tenía que quitar toda la ropa y asomarse un minuto por la ventana de su habitación que le correspondió en el hotel. El juego lo perdió el volante Carlos Alberto Trejos, quien estaba en el cierre de su carrera deportiva, después de haber pasado por Deportes Quindío (cuatro oportunidades), Deportes Tolima, Deportivo Cali, Once Caldas y Cortuluá.
Trejos, nacido en Riosucio (Caldas), se hizo en los equipos de su municipio, luego saltó a Robles Millonarios y de ahí emergió al fútbol profesional. Llegó a ser uno de los volantes recuperadores más importantes, en una época marcada por Eduardo Pimentel, Leonel Álvarez y Ricardo Chicho Pérez.
"Perdí la apuesta y me tocó empelotarme o desnudarme. Siempre he sido atravesado, me subí a la ventana y allí me acomodé el minuto. No sé si de afuera me vieron, no me acuerdo, lo que sí no olvido son las carcajadas de mis compañeros".
El jugador explicó que todo eso lo hacían a espaldas del cuerpo técnico que les permitía el juego, pero no bromas de ese calibre.
La historia no para ahí. Trejos cree que haberse expuesto así a ese frío le hizo daño y el otro día amaneció enfermo: "No sé qué me pasó, pero desperté enfermo, le dije al profesor Reinaldo Rueda y me mandó al banco de emergentes. Perdíamos el partido 3-0 y le dije al profe que me metiera para que no nos golearan y así lo hizo".
Trejos recuerda que en la primera acción, le tiró un planchazo a René Higuita que donde lo coja le fractura las piernas: "Jugué unos 20 minutos y corrí como si estuviera aliviado, tanto que me tocó ir el control al doping".
También se le recuerda en el medio futbolero por su temperamento y vehemencia: "Una vez, en un partido con el Atlético Nacional, al que le ganamos 1-0 con gol de Ariel Mario Are, me tuvieron que sacar del camerino del Nacional. Todo porque en la cancha todo el partido nos puteamos con Gabriel Jaime "Barrabás" Gómez. Cualquier hecho del partido, llegaba "Barrabás", llegaba yo y sobraban los insultos y los madrazos. Nos desafiamos, nos quedamos de ver afuera, por eso lo busqué".
Finalmente se metieron todos y nos calmaron. Todo finalizó con el choque de manos".
El caldense tiene hoy 55 años, vive en Riosucio y está dedicado a la formación de los niños futbolistas y a hacer rentar una finquita que tiene en Bonafont (Riosucio).
Trejos, a la derecha.
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