Efrain Castaño


Si usted es una persona que cree en Dios sabe que el Evangelio cuenta cómo Jesús de Nazaret comía, descansaba, dormía y soñaba; su vida no fue nunca un afán productivo, veloz y sin parar; algunas veces dijo a sus discípulos: "vamos a descansar un poco".
Si usted no es creyente sí sabe que la naturaleza tiene un ritmo innegable: nace, crece, se desgasta, necesita revisión, pausa, estaciones, ambiente de incubación y brote; la noche y el sueño son para todo ser viviente parte de un ritmo sano y creciente hasta plenitud.
Fijémonos ahora tan solo en dos puntos de los cuales nadie se puede sustraer so pena de tener alteraciones ciertas en su desarrollo: la noche y el sueño como pautas de descanso y reparación del organismo y la organización como conjunto de trabajo y avance.
La noche en un trabajo normal es un llamado al descanso, a la pausa que serena y revitaliza todo; el sueño acompaña ese reposo y es un espacio delicioso de la existencia; si usted tiene una angustia profunda, un dolor severo, un cansancio de agotamiento, un aburrimiento existencial, una soledad que se siente, un frío que le hace tiritar o un calor que le hace sudar, pero se logra dormir entra en el sueño como serenamiento de las funciones vitales, casi como un paréntesis de memoria y ansiedades, que le trae una recuperación y alivio que a veces una medicina no logra darle.
La noche y el sueño son períodos de reparación de fuerzas, de alivio y serenamiento para el organismo, es decir de impulso para seguir avanzando con fuerza en la vida diaria; no descansar bien o no dormir lo suficiente trae como consecuencia un mal día, regular trabajo y ánimo decaído.
Pero con nuestra libertad hemos introducido un cambio que a todas luces no es benéfico para nadie; vamos suprimiendo la noche y el sueño y nos hemos entregado al actuar veloz, impaciente, angustioso, ansioso, cansino y sin alegría que no es lo mismo que bulla y movimiento.
Los noticieros nos cuentan todos los días del resultado concreto de ese cambio: casi todos los acontecimientos de tragedia, asesinatos, peleas, muerte y accidentes se producen en la noche y primeras horas de la madrugada.
Si al acto de no descansar le añadimos droga y licor, el resultado es una noche de alta peligrosidad, de pérdida de las facultades racionales, de impulso a los actos instintivos; ¿no vemos acaso que casi toda tragedia y muerte está bajo el común denominador de trasnocho, licor, droga y euforia desbordada?
Necesitamos regresar a la zona de descanso: el fin de semana para la oración, la celebración comunitaria de la Fe, la vida familiar en unidad, el paseo alegre, la pausa serena.
Es válida la invitación de Jesús: "vengan y descansen".
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015