Pedro Felipe Hoyos Körbel


Después de vivir en un barrio residencial muy calmado, muy cerca a mi antiguo sitio de trabajo, volví a vivir en el Centro. Muchas razones soportaron esta afortunada decisión. No se puede negar que la escogencia del sitio de residencia significa mucho, debe haber inclusive una clasificación para ordenar los criterios, pero aparte de motivos y preferencias personales he podido realizar muchas observaciones acerca de mi emblemático entorno.
Soy del parecer que los centros de las ciudades son los sitios más especiales de una urbe, aquí la historia, compuesta por un desarrollo muy alterado es completamente palpable. Es en los centros donde se encuentra la verdadera y original cara de una ciudad. El tipo de arquitectura funge como vestigio de una época muy precisa, son huellas que hablan de los logros de una sociedad histórica. Son monumentos de tiempos donde la fastidiosa estandarización no había nivelado la arquitectura, donde el vanidoso dueño adornaba su construcción pensando en belleza. Hoy en día un barrio residencial o avenida pueden estar ubicados en cualquier ciudad colombiana, los de Bucaramanga se parecen a los de Palmira, y los de Bogotá se parecen a los de Montería, a pesar de estar ubicados en pisos térmicos diferentes que suponen una arquitectura especializada. Todos los edificios se parecen, son igual de elementales en Barranquilla, Cali o Buenaventura.
En los centros convergen habitantes de las más variadas condiciones económicas y culturales, desde los del inquilinato hasta los de lujosos apartamentos. Esta zona de la ciudad no tiene restricción, aquí se le da cabida a todos. Creo que hay una permisividad que se nutre del anonimato y una administración inconsciente de diseñar una política que regule el centro como espacio residencial, aceptando su vocación comercial y administrativa.
Se habla mucho de la pauperización de los centros, fenómeno que corresponde a ciertas dinámicas habitacionales. Las familias patricias que vivían en el centro, al haber crecido, sus miembros están viviendo en las nuevas urbanizaciones. Fuera que se debe tener en cuenta que las necesidades de espacio y la distribución del mismo han tenido profundos cambios. ¿Cuántas casas del centro están deshabitadas en el segundo o tercer piso? Nadie necesita ese tipo de espacios sobredimensionados para el concepto de vivir de hoy en día. Cada generación busca, primordialmente, su espacio.
Sospecho que la mayoría de los habitantes del centro de Manizales no nacieron aquí, se me hace que son inmigrantes de los municipios vecinos que, por lo económico de los arriendos, inician su conquista de la capital y su posible futuro desde el centro. Observo en mi recorrido a misa el domingo cómo la "23" se convierte en calle real de cualquier pintoresco pueblo del departamento. Allí sale la joven pareja con su recién nacido a caminar ya que su ingreso económico no les permite acceder a un evento, fuera que en sus lugares de origen nunca vieron cosa diferente a darse la caminada por la calle principal del pueblo. Veo a un buen número de chiquillas pretendiendo estar en edad núbil pasearse por la calle usando los vidrios de las vitrinas como espejos. Como esta familia y estas jóvenes hay mucha gente con unos hábitos de consumo basados en su capacidad adquisitiva y cultura urbana que le han puesto un nuevo sello al centro de Manizales. Si se compara con el pasado se puede hablar de pauperización, pero si se circunscribe este fenómeno a otra mirada se puede constatar que los nuevos vecinos se han apropiado el territorio que otros abandonaron.
Los centros han sido estigmatizados por los constructores de las nuevas urbanizaciones, y cuando digo constructores hablo de dueños de lotes, bancos que financian, agencias que venden, obreros que construyen y demás beneficiarios que genera este sector importantísimo de la economía. No creo que haya esa rivalidad entre los centros desvalidos y los nuevos suburbios, los segundos han ganado a costa de denigrar de los primeros en perjuicio de la ciudad que heterogéneamente se compone de muchos sectores y necesidades. Todo barrio decadente, o sea que no tenga el positivo propósito de brindarle un espacio digno para vivir a los ciudadanos, baja la calidad de vida de una ciudad en su conjunto. A los barrios de una ciudad se les debe entender como un sistema de vasos comunicantes que perfectamente están entrelazados.
Manizales no solo posee un hermoso centro histórico merecedor de ser vendido como atracción turística, sino un barrio donde vive gente, digno también de ser reconocido como barrio residencial; finalmente todos los barrios de una ciudad son residenciales, porque en ellos vive gente.
P.D.: Si leemos la noticia que Caldas apenas ocupó el lugar número 18 en los Juegos Nacionales, a pesar de haber obtenido varias merecidas y luchadas preseas, debemos entender que en ese campo al Departamento le falta. En cambio en música, especialmente en las bandas, el Departamento ha logrado sonoros éxitos. No creo equivocarme al decir que es el deseo y afán de todos los caldenses que este programa no se pierda y que todos los obstáculos sean resueltos para darle continuidad. El empeño que le ponga el gobernador Echeverri a este asunto es la traducción de esa voluntad.
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