Pedro Felipe Hoyos Körbel


Seguramente el más connotado historiador colombiano del siglo XX, Germán Colmenares, reeditó en 1989 con la Biblioteca del Banco Popular, los informes de gobierno y los juicios de residencia elaborados por los mandatarios de nuestro país cuando llevaba el nombre de Nuevo Reino de Granada en el siglo XVIII. Este trabajo fue la perfección de uno que habían realizado los historiadores Eduardo Posada y Pedro María Ibáñez en 1910 retomando en parte el material de otra publicación de 1869. Metódicamente Colmenares revisó los diferentes textos y reponiendo omisiones y salvando errores de transcripción, aumentó la publicación a tres trascendentales tomos.
Estos informes redactados por protosociólogos que hacían "trabajo de campo" a nombre del rey de España con título de virreyes, que trataban problemas de la sociedad neogranadina, no parecen haber perdido actualidad. Aquí se conocieron temas como hacienda pública, religión, justicia, urbanismo, convivencia, infraestructura física, minería, agricultura y población. El lenguaje técnico empleado obvia el castellano alambicado de la época y hace que la lectura sea amena y directa. Muchos de los problemas analizados por virreyes como Messía de la Cerda o Sebastián de Eslava parecen ser estructurales de nuestra sociedad, ahora llamada colombiana, porque estos hombres ya los describían y buscaban encauzarlos. Referente a la "escuela" a la que pertenecían estos "observadores" se puede aducir que fueron fisiócratas o sea enciclopedistas dedicados a la economía, disciplina que nace con el "iluminado" siglo XVIII.
¡Cuánto esfuerzo hecho por España para traspasar su civilización a estas colonias! ¡Qué miseria y pobreza les correspondió a estos graves personajes describir y tratar de resolver! Nada funcionaba y todo estaba por hacer. Leyendo estos informes llego a la conclusión que los verdaderos precursores de la Independencia fueron los virreyes. No en lo político, por supuesto, pero completamente en lo cultural. Sin el esfuerzo y empeño de estos funcionarios de la corona española, muy poca cosa se hubiera podido "independizar"; ellos forjaron una sociedad con visos de ordenada hasta donde los medios lo permitían. España, durante la conquista, con solo su presencia, destruyó las civilizaciones indígenas dejando a la población mestiza, y a la sometida, sin bases articuladas. Los virreyes acusan esta situación retratando una sociedad disfuncional a causa del choque cultural. Finalmente la migración española fue escasa para imponer de esta forma una "supremacía" europea en las colonias, así como sucedió en las colonias inglesas al norte del continente. Los "blancos" eran muy pocos para servir de molde y de dinámica cultural, de esta manera le correspondió al Estado reforzar e implantar lo que hacía falta. España logró el predominio diseñando políticas que reconstruyeran los esquemas de su civilización en América. España alteró a América y no supo concluir la tarea de hacer surgir un nuevo orden. Los sincretismos y el mestizaje surgidos de esta coyuntura son la respuesta de una sociedad que muy despacio se va estructurando. España basó la labor civilizadora en su idioma, legislación, economía y religión y a estos pilares ató los lazos que iban a sustentar la nueva sociedad. Creo que la aversión emotiva que sentimos contra España es precisamente haber fallado en ese intento.
En el año 1729 el Mariscal de Campo d. Antonio Manso le escribía al rey: "… Esto proviene, según he comprendido, del descuido de los Gobernadores, que han dejado emperezar la gente tanto que por esto como por ser abundantes aunque groseros los mantenimientos de que usan, no hay quien quiera trabajar, y así están los oficios mecánicos sin artífices ni oficiales, de donde se sigue ser la gente común casi toda ociosa...". No pudo ser más precisa la radiografía de la economía del virreinato, perfectamente está descrita la problemática a pesar del término "emperezar" prestado de la moral. Por supuesto que hay, hoy en día, regiones en Colombia que sufren la misma situación, adolecen de un carente mercado interno debido a lo fragmentario de la economía. A la población aborigen y mestiza del virreinato, ubicada técnica y mentalmente en el neolítico, en lo que concernía a la economía, le era imposible pasar por medio de la violencia y la ley al precapitalismo. De esta manera la economía tenía que sufrir un hundimiento prolongado. Muchos de los fenómenos sociales actuales ya se estaban presentando en esa época y es lógico que su comprensión se profundice por estos "estudios". Si se sustituyese el rótulo de informes de los virreyes de la Nueva Granada y simplemente se le pusiese por título a esta obra: "Colombia hace 250 años" surgiría una mejor comprensión y un mayor interés. Nuestra historiografía es muy prolífica creando etiquetas, se habla de "independencia", "colonia" o "conquista" estatuyendo unos bloques herméticos de tiempo que dan la impresión que arrancan tal día y terminan en una fecha determinada. Estas, a veces útiles guías, se vuelven finalmente en una tara ya que se prestan para aislar, para desarticular una secuencia en segmentos más cortos implantando una dicotomía innecesaria, imposibilitando el análisis profundo de la historia. Se sacrifica un todo por un mar de islas y entra a operar una fuerza centrífuga que desmantela la unidad. De esta manera la evolución de las épocas, la transformación de la sociedad queda represada en cada rótulo. Las verdaderas tendencias y la continuidad quedan negadas, porque cada período reclama su particular explicación, exigiendo que se le analice como una unidad completa. Se podría hablar del falso orgullo que cultivamos los colombianos por nuestra independencia la cual nos enseñó a señalar con vengativo dedo a España solamente. Nos creemos "colombianos" haciendo una rara y necia distinción entre nuestro presente político y nuestra historia. Según los esquemas que manejamos referentes a nuestra historia nunca fuimos neogranadinos; nunca fuimos conquistados; nunca fuimos esclavos; tampoco fuimos indígenas y menos fuimos españoles, porque suponemos haber encontrado un estado ideal con la obra y herencia del Libertador y su equipo de colaboradores.
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