Francisco Santos


Era de esperarse. Las Farc aprietan al presidente Santos con tres objetivos: mostrar fuerza, mostrar la debilidad y urgencia del gobierno y extraer más concesiones en la mesa de negociación. Lo que no sabemos aún, pues Santos no da puntada sin dedal, es si esa era la reacción que necesitaban de las Farc.
En el país logró que un sector, el más voluntarista, se vuelva aún más militante por la paz. También logró que algunos indecisos, los asustadizos, se definan por la paz pues quién sabe qué pueda pasar. Y sin duda con esta reacción puede tratar de mostrarse ante los sectores más duros de la sociedad que lo eligieron que no se deja mangonear por las Farc. Obviamente estos últimos ya no le creen.
Santos le devolvió el estatus de actor armado del conflicto a las Farc. Las igualó a las Fuerzas Militares y por ende igualó a sus jefes a los dirigentes del Estado. Lo que siempre han buscado, ser pares con el Estado, de hecho con este proceso se les entregó. Además, la credibilidad nacional e internacional y la legitimidad que les quita el estigma de terroristas son ganancias que a cambio de nada este proceso ya les regaló a las Farc.
Para fortalecer ese estatus, el de igualdad con la institucionalidad, es que suspenden temporalmente este proceso. No les consultan un tema tan importante como el del proceso de refrendación de la negociación y por eso se levantan. Pero le ayudan a Santos pues le montan una cortina de humo mediática al paro agrario y de paso fortalecen la propuesta del referendo pues facilita su manejo ante la opinión publica que a la Farc no le guste.
Las Farc siempre han utilizado la negociación para acumular fuerza política y militar. Por lo tanto darle un golpecito a la mesa no es nada nuevo. Van a jugar con el desespero del Gobierno y su regreso va a ser costoso. No sería nada raro que dieran unos golpes terroristas para presionar aun más al gobierno y a la sociedad. Y si Santos quiere terminar el proceso puede mostrarse como la víctima de la intolerancia de las Farc. Dejó la puerta entreabierta.
Otra cosa es la burda maniobra política de hacer coincidir un referendo con las elecciones parlamentarias o presidenciales. Pretende Santos de manera vergonzante sacar adelante un proceso que divide al país. La paz no es un tema que debería necesitar ayuda para lograr el umbral o una votación abrumadora si se hace bien. Ni debe obtener su legitimidad por la puerta de atrás. Más vergonzoso es que de manera descarada el Presidente utilice este tema y de esta manera para ayudar a su reelección.
La Corte Constitucional ya fue clara: no se mezclan los mecanismos de participación con otras elecciones. Así se hizo con el referendo del 2003. Se respetó cada fuero electoral. Mezclar elecciones pervierte el origen de cada una de ellas. Por eso la de parlamento con la de Presidente son en fechas distintas. O las nacionales con las regionales en años distintos.
Al proponer esta triquiñuela electoral Juan Manuel Santos le demuestra a los colombianos que Hugo Chávez no solo fue su mejor amigo sino que también fue su gran mentor político: el triunfo a toda costa. Qué vergüenza.
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