Jaime Alzate


Indudablemente la Cumbre de las Américas que se está realizando en Cartagena es uno de los hechos más importantes que han ocurrido en Colombia a lo largo de su historia. La sola presencia de más de treinta presidentes de todo el continente que se reúnen para poner los primeros mojones de un desarrollo que tanta falta nos está haciendo en la región es la muestra de que, por fin, se han comenzado a abrir los ojos para alcanzar soluciones que finalmente ayuden a salir de la pobreza absoluta en la que se hallan inmersos millones de pobladores de una región que, contradictoriamente, por las riquezas de sus suelos, por la diversidad de climas e inclusive por la agudeza de sus habitantes debería ser la que estuviera marcando el paso ante el mundo entero.
Está claro que una reunión, aun de la importancia que tiene la que estamos viviendo, no es de por sí la solución a los múltiples problemas que tenemos, pero sí es un primer paso gigantesco para promover planes conjuntos en los países con mayor afinidad, lo que reflejaría la política de universalización que se va extendiendo en todo el mundo.
La presencia de presidentes tan importantes como los de Estados Unidos, Brasil y México marcan un hito, que no pudo ser empañado por la actitud grotesca de individuos como el presidente Correa de Ecuador, que tienen una prepotencia que les ha impedido darse cuenta de que el más perjudicado es el pueblo hermano, que al igual que la mayoría de los países se debate ante múltiples necesidades que solo se pueden encarar con solidaridad monolítica, y no tratando de convertirse, como le pasó al antipático personaje, en el líder quien con su fallido intento de sabotear la Cumbre quedó convertido en el hazmerreír de todo el mundo, incluyendo a sus amigos del ALBA, quienes no dudaron en darle la espalda y dejarlo solo rumiando su fracaso.
Hasta Cuba, país que como ninguno debería estar presente, precisamente por su situación política y económica tan delicada tuvo la suficiente diplomacia para, sin perturbar el desarrollo de las sesiones, tomar la determinación de no presionar a nadie para ser invitado. Estoy seguro que esta actitud hará que durante el transcurso de las deliberaciones habrá un poderoso grupo que con sólidos argumentos presionará para que Cuba vuelva al sistema interamericano. Es claro que quienes deben hacer el mayor esfuerzo para regresar a una normalidad que desde hace mucho tiempo está anhelando el mundo entero, son las autoridades de la isla, que están en mora de dar un giro de 180 grados para ayudar a su pueblo en la búsqueda de nuevos horizontes después de tantos años de vivir en situación tan lamentable. Su regreso está condicionado, elementalmente, a que los hermanos Castro retomen los caminos de la democracia, siguiendo como tantos ejemplos que vemos a diario, incluyendo el mayor cambio que se dio a nivel mundial con la transformación nada menos que de Rusia al sistema democrático.
Que sirva esto de ejemplo para que otros de nuestros vecinos, como Venezuela, Nicaragua y Bolivia, dejen de lado sus fallidos experimentos socialistoides y se den cuenta de que no es apartándose de la unidad de un desarrollo unificado, como van a salir de sus problemas.
Para Colombia, el éxito de esta Cumbre refleja ante el mundo entero que desde el gobierno del expresidente Uribe y con la continuación que le ha dado el presidente Santos estamos llegando a ocupar un puesto de liderazgo que nos permitirá sentarnos entre países de las grandes ligas a debatir nuestros problemas.
Felicitaciones al Gobierno y especialmente a la señora Canciller por el lujo de reunión que estamos viviendo. Pero, sobre todo, al pueblo colombiano que en este momento crucial ha comprendido que a pesar de la oposición de ciertos negativistas profesionales, vamos por buen camino para quitarnos el estigma que falsamente nos han endilgado de ser el país con uno los más altos grados de pobreza del mundo. Esto, para mí es un imposible metafísico, porque solo basta con mirar hacia países como Haití, varios de América Latina y a muchos de África para darnos cuenta que si bien son grandes nuestros problemas, estamos lejos de ocupar los primeros lugares en una tan denigrante lista.
P.D.: Ancianidad: Cuando tratas de quitarte las arrugas de tus medias y te das cuenta de que no te las pusiste.
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