Jaime Alzate


Quiero dejar en claro desde un comienzo que este artículo no va dirigido a ninguna de las nuevas autoridades que nos están gobernando, porque mal haría en presumir de Torquemada cuando apenas están comenzando una gestión que esperamos sea muy benéfica para la ciudad. Sería una falta de seriedad comenzar a criticar sin ton ni son, como lo hacen ciertos doctores NO, quienes en ello basan su filosofía de la vida, siendo su mayor placer andar lanzando denuestos contra todo el mundo, sin tener en cuenta la gigantesca viga que no los deja ver con objetividad ni lo bueno ni lo malo de la vida cotidiana.
Es la hora de que los manizaleños nos despertemos del sopor en que nos encontramos desde hace varios años y que n os tiene como la bella durmiente, según el decir de gentes de otros lares que antes nos veían con admiración y ahora con pesar, por la manera pasiva como nos estamos comportando y que nos ha relegado a posiciones de poca importancia ante el país, que poco a poco nos está perdiendo el respeto del cual tanto nos enorgullecíamos.
Es cierto que todo conglomerado humano debe tener líderes, para sentir que hay una autoridad que guía con destreza sus destinos. También es cierto que si esos líderes fallan, la sociedad va perdiendo rumbo, hasta quedar a la deriva, con la gran tragedia de que termine por dejar de pensar.
Se comienza entonces a dar bandazos a diestra y siniestra, perdiendo la dirección y dejando un vacío de poder que, como sabiamente lo exponen las leyes de la física, tiene que ser llenado por otros elementos, ya que ese vacío no puede existir. Pues bien, esta es la radiografía de los pueblos y la inevitable consecuencia de no reaccionar a tiempo cuando vamos sin una meta definida, y dejamos el timón sin una mano fuerte que lo lleve a puerto seguro.
Eso es exactamente lo que nos está sucediendo en la región. Sin lugar a dudas, hemos tenido verdaderos caudillos que con gran autoridad moral han sido un faro en medio de la tempestad, pero también hemos sentido fallas que no nos han permitido continuar con los derroteros de prosperidad que durante tantos años supimos controlar.
La actual generación, en cuyas manos dejamos el timón los que ya cumplimos, bien o mal, con nuestros deberes de ciudadanos, en su gran mayoría está enfrentando su responsabilidad. Sin embargo, algunos de ellos se quedaron cortos ante el desafío de una raza, como dice la afortunada frase que nos caracteriza. Esto nos pone en la obligación de tomar el bastón de los ancianos de la tribu y comenzar a evaluar a los actuales líderes, como nuestros antecesores lo hicieron con nosotros, para reordenar a los dirigentes que se han separado del buen camino. Es decir, en pocas palabras, que es hora de barajar y volver a repartir, incluyendo a un buen número de directivos de las distintas agremiaciones de la ciudad, que por ambiciones de carácter político han estado dedicados a promoverse en posiciones de mando, antes que tomar las riendas que con tanta confianza les entregó la ciudad para que velaran por ella desde los sus importantes cargos.
Muchas obligaciones tienen sobre sus hombros las autoridades que acaban de hacerse responsables de nuestra ciudad y nuestra región, y para cumplirlas es absolutamente necesario que la ciudadanía representada por sus agremiaciones cívicas obre responsablemente, no solamente dedicándose a criticar, sino, lo que es vital para un pueblo que tanto ha tenido que sufrir, brindando su colaboración y decidido apoyo, para volver a hacer de Manizales una ciudad envidiada y envidiable en el panorama nacional, para bien de todos sus habitantes.
Es pues hora de pellizcarnos, dejar de lado la molicie y volver a pensar, poniendo al frente de nuestro destino a aquellos que demuestren que anteponen el interés de la ciudad por encima de sus ambiciones personales.
P.D.: La modestia es reconocer que uno es perfecto, pero sin decírselo a nadie.
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